Por dármelas de caballero casi te rapo la botella de agua.
-Permíteme yo la abro.
Mis torpes manos intentaban girar una tapa que salía a presión. Sólo había que quitar el plástico y sacarla suavemente. Pero no. Insistí en darle vueltas, vueltas y vueltas hasta que, en un atisbo de cordura, rasgué el sello de plástico, jalé la tapa y… te mojé. Te ayudé a secar a punta de servilletas- no llevaba pañuelo - mientras tú me mirabas y sonreías.
Te extraño mucho. Estamos llenos de recuerdos y de certezas. Nos quedaron miles de sonrisas, canciones, sueños. Ahora nos corresponde jugar un poco a las escondidas. Quién sabe. A lo mejor algún día desaprendemos a contar y en uno de esos números irracionales nos encontremos.
Una estación. Una parada. Luego arrancar. Y tu vuelo libre es una invitación a buscarte en cada tarde de lluvia. Te quiero, gracias por regalarme el brillo de tu corazón.
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Es la una de la madrugada de un sábado mágico. En este momento los dedos corren, se posan en el teclado y dibujan con palabras el sentimiento. Que nunca perdamos la dulzura, no importa el vació, la tristeza o la melancolía. Siempré habrá un lugar del Universo en el que podamos soltar las amarras, tejer utopías ligeras como plumas y protegernos bajo la sombra del árbol más querido. Escucha los ecos del batir de alas de mariposa... Mañana abriré la ventana y sé que el viento traerá tu abrazo de primavera, a cualquier hora, inclusive en el tic tac de nuestros relojes que no miden el tiempo, aunque sí desbordan el diminuto espacio de la realidad.





