viernes, abril 15, 2011
La tristeza de Plutón
El sol pidió absoluto silencio, sacó una hoja y empezó a llamar a lista. Uno a uno pronunció los nombres de los planetas y todos respondían con un “presente”. La luna, mientras tanto, tomaba nota de cuanto sucedía en la asamblea. Era la reunión anual del Sistema Solar que hace parte de la galaxia llamada Vía Láctea.
Todo iba bien; los planetas, en general, cumplieron con su objetivo de dar vueltas alrededor del sol y, al mismo tiempo, de girar sobre su propio eje: Mercurio, Venus, La tierra (el único planeta del sistema solar habitado por hombres, mujeres, niños, plantas y animales), Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Había alguien, sin embargo, bastante molesto e inconforme; un cuerpo del espacio que antes se llamaba planeta, pero que, ahora, era considerado planetoide. Se trataba de Plutón quien, para manifestar su tristeza, no paraba de llorar y decía “presente” sin que nadie preguntara por él. El Sol, profundamente conmovido, dijo: “Plutón. No tienes por qué sentirte mal. Como todos los cuerpos del Universo eres importante. Fíjate en los cometas, por ejemplo el Halley: pasa cerca de mí cada 75 años y no se acompleja por eso. O en la cantidad de estrellas que nacen y mueren todos los días. Somos una pequeña parte del Universo, nuestro Sistema Solar no es el único. Existen muchísimos; tal vez en alguno de ellos alguien parecido a ti, se queja en este momento”. Los demás planetas estuvieron de acuerdo y se dedicaron a animar a Plutón.
Y así continuó la reunión anual de la Vía Láctea. Curiosamente La tierra, que como ya dijimos es el único planeta del sistema solar habitado por hombres, mujeres, niños, plantas y animales, se reía a cada rato. Eran las cosquillas que le hacían los seres vivos cada vez que empezaba un nuevo día.
miércoles, febrero 23, 2011
Instantánea para la eternidad

Tu boca quedó coloradita por culpa del algodón de azúcar. Y al verte en el espejito que sacaste de tu bolso soltaste una carcajada. Faltaba todavía una hora larga para que oscureciera. Las calles de Bogotá se transformaron en cristales que reflejaban la luz del sol, gracias a ese cielo muy azul y despejado.De pronto cientos de palomas aparecieron, luego de que un niño tirara al suelo un puñado de maíz que traía en una bolsa. Todo era una fiesta. Inclusive las torres de la iglesia de Lourdes no escapaban al ambiente de carnaval, finamente pintadas de ese brillo que produce el verano en Bogotá. Bueno. Verano es un decir, porque, como te lo expliqué, en mi país no hay estaciones.
Te llamó la atención un hombre sentado al lado de algo parecido a una caja, de la que salía, en la parte de adelante, una especie de lente. Mirabas detenidamente sin preguntarme nada, hasta que notaste que una pareja se le acercó. En ese momento el señor se paró, metió la cabeza dentro de la caja y dijo: “miren el pajarito y sonrían”. Segundos después les entregó un papel. Se traba de la fotografía recién tomada del hombre y la mujer.
Sin darme ninguna explicación cogiste mi mano (sí, cogiste, acá se dice cogiste) y me llevaste corriendo al lugar donde estaba el fotógrafo. Al llegar dijiste: “Por favor, tómenos una foto”. Pensé que te ibas a limpiar los labios que aún estaban rosados por el algodón de azúcar, pero no sacaste ningún pañuelo. Por el contrario, te embadurnaste más con lo que te quedaba de aquella deliciosa golosina y, enseguida, me diste un beso largo que dejó mi boca del mismo color. Cuando estuviste segura de que ya estábamos listos te me acercaste, nos abrazamos, miramos el pajarito y, finalmente, salió una foto en la que se ve a dos amantes dichosos con caras y sonrisas de payasos.
Imagen tomada de http://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/portal/node/952
lunes, febrero 07, 2011
Versos de mamá

Anoche me encontré con tus palabras. Desde hacía tiempo escudriñaba en todos los rincones tu voz plasmada en el papel. Y por fin hallé aquel librito que un día le dedicaste a papá. Estaba en el fondo de uno de mis cajones, agarrado por un gancho legajador a una carpeta de cartulina gruesa. Al lado de cientos de hojas llenas de poemas mecanografiados de grandes autores de Hispanoamérica, hay un cuadernillo –también mecanografiado- en el que se lee, a manera de prólogo, lo siguiente:
“En el estudio de este pequeño libro de grandes obras encontramos, en la primera parte, recuerdos de un pasado que nos expresa los sentimientos de una mujer que amó con todo su corazón, pero que el destino quiso que esos amores se truncaran, tal vez para que en un presente (como lo es la segunda parte) encontrara la felicidad que en otros brazos no pudo hallar.
Así pues quiero expresarle a la autora mis más sinceras felicitaciones por el contenido de este libro (especialmente en su segunda parte)”.
Carlos Alberto Rojas.
Enseguida aparecen las letras de la autora, quien hace una breve introducción y, posteriormente, una hermosa dedicatoria:
“En estas sencillas pero sentidas palabras, quise plasmar lo que siente el corazón, advirtiendo que estos trozos, que tienen la pretensión de ser versos, han sido escrito a través de mi vida y por una mano inexperta…
Carlos:
Estos pequeños versos son la expresión sincera de lo que ha sentido mi alma. Y te los dedico con todo el corazón porque en tu cariño hallé una grata comprensión y la gran paz que siempre anhelé para mi espíritu que se encontraba abatido antes de conocerte. Guarda este presente como recuerdo de nuestro hermoso aniversario.
Con todo mi amor
Martha Cecilia Arciniegas Rodríguez
Bogotá, diciembre 29 de 1965”.
A continuación dos poemas de mamá de los que dedicó a papá y que son el testimonio de una mujer enamorada del amor y de la vida.
Y LLEGASTE TÚ
Mi vida era una sombra de lúgubre nostalgia
sin anhelos, sin luz, sin amor y sin fe,
más llegaste un día y con misteriosa fragancia
me enseñaste lo hermoso que en el mundo es volver a creer.
Antes de conocerte estaba llena de angustia
mi existencia era un continuo padecer,
más luego comprendí que con dulzura
te habías apoderado de mi dolor y de mi ser.
Yo sólo quiero que comprendas,
sufrí mucho con mi triste soledad,
las horas que viví fueron eternas
y cuando te vi olvidé que existía la maldad.
Ahora me embarga una gran tristeza
tengo miedo de amar y padecer
aunque siempre pedí a Dios con fortaleza
encontrar a alguien me pudiera comprender.
Yo te ofrezco, humilde y muy sincera,
lo poco que alcanzo yo a valer
un corazón atormentado por la pena
y un alma que quiere renacer.
No me engañes jamás yo te lo pido
sólo quiero entregarte todo mi amor,
darte la vida en un solo latido
y vivir para siempre sin dolor.
Toma todo lo que yo te entrego,
en un arranque de inmensa realidad
y vivamos con este gran sosiego
que nos dará la dicha por toda una eternidad.
LO QUE ANHELA EL CORAZÓN
Cuando las voces del amor se quiebran
y las palabras del silencio hablan,
brotan la cielo cual cálido incienso
en ruta tenaz de una esperanza
Yo conocí la angustia
anidó en mi alma por mucho tiempo
y creí que mi alma estaba mustia
que era incapaz de vibrar al amor que siento.
Dicen que cuando se ama no se olvida
pero es imposible alentar el sentimiento
cuando en el ser que amas ya no anida
el amor que juró y es cruel tormento.
Llegar a la orilla de tu destino
será lo que mi alma siempre ansía
obligar a tu corazón que se abra al cielo
para mirar en la estrella de tu vida.
No alzar tu corazón a esa altura
donde está nuestra estrella iluminada
sería como dejar el alma entera
en una soledad para siempre abandonada.
jueves, enero 27, 2011
Travesía
El único sitio peligroso es aquel pedazo de avenida sin luz en el que, además, los semáforos quedan titilando en amarillo después de las once de la noche. Los árboles, que en el día ofrecen su sombra en medio del calor sofocante, a esa hora sirven de escondite a uno que otro ladrón. Ella lo sabe, por eso pedalea con más fuerza, mientras la calle se pierde en esa oscuridad semejante a la entrada de un agujero negro. Menos mal, a pocas cuadras, varias confiterías aún mantienen sus puertas abiertas. Y entre el palpitar de su corazón acelerado por la veloz carrera y la gente que va y viene para ganarle la partida a la media noche, la bicicleta se transforma en un cometa terrestre iluminado por su sonrisa. Son apenas diez minutos los que la separan de su destino. Diez minutos que bien podrían dibujarse en el mapa con una rayita. Ella también lo sabe, o mejor, lo supo aquella tarde en la que, apoyada en una escuadra, deslizó el lápiz encima del mismo mapa y unió, de sur a norte, dos países. Y lo hizo poco a poco, dibujando rayitas iguales a las de los diez minutos. Solo que las puso una detrás de la otra, hasta que formó una línea recta que salía de la pampa, atravesaba desiertos, navegaba ríos caudalosos y delgaditos, zigzagueaba en valles irregulares y, finalmente, subía para terminar en una ciudad desparramada a lo largo y a lo ancho de una sabana que protegen montañas colosales.
No tuvo necesidad de descifrar ningún jeroglífico, tampoco le hizo falta estudiar el lenguaje de los antepasados. Al fin y al cabo ella habita en una tierra que, sin duda alguna, es un papel sobre el que está plasmada la existencia. Una hoja sin márgenes o cuadrículas. Ilimitada. Diferente al sinnúmero de fronteras imaginarias o reales. Un fragmento de Latinoamérica de un texto, escrito ahora por dos corazones. Una ciudad llamada Pergamino, cuya distancia se reduce a una raya dividida en segmentos de diez minutos.
martes, enero 18, 2011
Hombre y niño a la vez

- “Está bueno”, dijiste después de mi propuesta y, enseguida, soltaste una hermosa sonrisa. Me atreví a sugerírtelo sin pensarlos mucho. Fue cuestión simplemente de imaginarte vestida de primavera al anunciarme que vendrías. No importa el mes, recuerda que en Colombia no tenemos estaciones. Las únicas que conozco son las estructuras fantasmales en las que se detenían aquellos trenes extraviados en un tiempo brumoso y distante. Lo que sí podemos hacer ese día es caminar encima de los rieles. Mientras vamos por la carrilera imaginaremos que somos una locomotora que lleva una preciosa carga de ilusiones. Y el humo que sale de la chimenea dibujará en el cielo un corazón y nuestras iniciales. Llegaremos tarde o temprano al destino que nos espera. Nos dejaremos arrastrar por el rumor del riachuelo, el trinar de los pájaros y la sinfonía que produce el viento al acariciar las hojas de los árboles. Lo demás corre por cuenta del latido de los corazones.
No te espero porque ya llegaste. Sin quitarme la fantasía me sacaste del mundo de mis sueños y te pusiste frente a mí como la realidad que tanto esperaba. Me enseñaste que para ser felices sólo necesitamos saber que existimos. Por eso, cuando te pedí que fueras mi mujer, te prometí que nos casaremos no sólo una, dos o tres veces. Pero la primera ceremonia será aquí, en la sabana de Bogotá, y tendrá por testigo al Universo.
