lunes, diciembre 15, 2008

Estaciones


A Destino le costó trabajo acostumbrarse a la claridad de la mañana. El viaje transcurríó en un vaivén incesante en el que atravesaron terrenos áridos, bosques espesos, mares de nostalgia, llanuras infinitas, selvas milenarias, cordilleras empinadas que se resguardaban detrás del arco iris. Corrió la cortina y echó un vistazo: quizás arribaban a una nueva estación. Sacó de su bolsillo el itinerario, mas no encontró- por ningún lado- la ubicación del lugar. “¿Acaso no soy Destino?”, murmuró. Entonces resolvió salir, era necesario indagar de primera mano. Se levantó despacio. Caminó con la torpeza del que tiene, en vez de piernas, resortes oxidados. Alcanzó la puerta, bajó las escaleras; ya en tierra observó detenidamente el entorno. Se acercó a la locomotora dispuesto a indagar al maquinista. Justo en ese instante advirtió la presencia de alguien. Intrigado Destino se volteó y descubrió la figura de Tiempo. Asombrado constató cuanto había envejecido. Lo saludó y preguntó: “¿Sabes en qué sitio estamos?” Tiempo lo miró de arriba abajo; posteriormente empezó a reir. Enseguida entró en un llanto amargo. Tras breves segundos se calmó y contestó: “No tengo la menor idea, iba a preguntarte exactamente lo mismo”. Dicho esto concluyó: “Creo que nos perdimos”. Destino dudó, se llevó la mano derecha a la barbilla, meditó y dijo: “En esa caso nos tocará recurrir a la memoria”. A Tiempo ya se le desvanecían las horas, los minutos, los segundos. Las fuerzas lo abandonaban, no se atrevía ni siquiera a recordar. Visiblemente afectado contestó: “Voy en una sola dirección, no puedo regresar sobre mis pasos. Es difícil de entender”. Terco, obstinado, Destino insistió: “¿Y si yo te ayudo?”. Tiempo lo miró conmovido. En el fondo sabía que pasado, presente, futuro- más que etapas- son huellas, realidades, anhelos; por lo tanto no era posible. Pese a que algunos sostienen que las épocas se viven simultáneamente, Tiempo aprendió a comprobar que su relatividad, no es simplemente una teoría. Ante la contundencia de sus convicciones interiores sentenció: "Amigo, por mucho que queramos, no podremos permanecer juntos indefinidamente. Tarde o temprano nos separaremos”. Abrumados se sentaron encima de una enorme roca, espalda contra espalda, hasta que los venció el cansancio producto de sus cavilaciones.

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La tarde moría envuelta en un sutil manto de bruma y silencio. El tren se asemejaba al león dormido, encaramado en la inconsistencia de la cuerda floja. La estación se esfumaba en la soledad de su estructura etérea, misteriosa, fantasmal. Un viento helado profanó la pasividad de aquellos seres, sumergidos en la espuma de sus deseos postergados. De pronto del aire llegó un rumor: “A despertar que el mundo se va a acabar”. Destino y Tiempo abrieron los ojos, se incorporaron en el acto y se encontraron, frente a frente, con dos bellas mujeres: se trataban, nada más y nada menos, que de Ilusión y Esperanza. Las damas los contemplaban complacidas. Ilusión no dejaba de brincar de aquí para allá. Llevaba una canastilla de la que extraía manotadas de margaritas; después las arrojaba y reía a carcajadas. Por su parte Esperanza, un poco más recatada, tan sólo aguardaba esbozando su sonrisa limpia. El vestido verde le daba apariencia de tranquilidad. Sus brazos, firmes y extendidos, invitaban a albergar en su pecho al planeta entero. “Las vueltas que da la vida”, manifestó Esperanza. “Sí. Jugando a las escondidas con este par de insensatos e, invariablemente, terminamos atrapándolos”, anotó la pícara de Ilusión a la vez que esparcía decenas de margaritas. “¡Alto! La mayoría de las veces ustedes desaparecen como por arte de magia", replicó Destino. “Además ¿No son amigas del viento? Vienen y van a su antojo”, recalcó Tiempo. “Ya. Basta de recriminaciones. Mejor aprovechemos y disfrutemos”, propuso Esperanza, consecuente con el significado de su nombre. “Estoy de acuerdo. Hay que cantar, bailar, reír, saltar, GRITARRRRR” apoyó Ilusión, cubierta de pies a cabeza de miles de margaritas. Sin esforzarse demasiado los convencieron. No podía ser de otra manera; al fin y al cabo el Universo no solía confabular a favor de Destino y Tiempo. De ahí que resultara penoso tirar por la borda ese pedazo de existencia en el que todo vale la pena. Sin más excusas los cuatro se entregaron al festejo, dieron rienda suelta a sus emociones y se apartaron del acoso de un invierno prolongado, doloroso, muy frío.

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Hubo música, danza, historias, amor, amistad. También fuego. Una hoguera conformada por llamitas divertidas se elevó, acompañada del humo cómplice. Este, a su vez, sobrepasó a las nubes, saludó a las estrellas y se deslizó entre los cometas y uno que otro enigmático e impertinente agujero negro. Un aguacero de hermandad se desgajó en delicadas gotas; cada una de ellas liberaba delicioso besos de algodón de azúcar.
Al filo de la madrugada el cielo se cerró tornándose gris, color característico de la tormenta inevitable; cientos de destellos dibujaron el paisaje. De repente un relámpago apocalíptico cruzó de norte a sur, seguido de un estruendo ensordecedor: “! A SUS PUESTOS, SE ACABÓ LA FIESTA¡”. La orden provenía de un hombre de grandes proporciones, que se encontraba al lado de la locomotora. La voz inverosímil, potente, desafiante del coloso irrumpió, opacando el brillo de la maravillosa velada. El granizo de terciopelo se deshizo en una maraña de débiles flequitos; la hoguera de llamitas intensas apagó su encanto; el humo se escapó- perdido y camuflado- en la sequedad de un adió de arena. De inmediato todos comprendieron. “¿Volveremos a vernos?” Exclamó tiempo, reflejando en sus ojos inocultables signos de tristeza. “No olvides que siempre hay un mañana” Respondió Esperanza. “Y otras primaveras” Argumentó Ilusión, mientras lanzaba al vacío sus eternas margaritas. Destino prefirió callar. Sin otra alternativa ingresaron a sus vagones respectivos:

Tiempo subió al primero y se detuvo ante el espejo para admirarse. Notó que la juventud floreció gracias al sublime encuentro. En adelante intentaría mirar atrás ocasionalmente, sin que ello lo hiciera retroceder en su caminar sin rumbo fijo.

Ilusión entró en el segundo alegre, iluminada, expresiva. Día a día deshojaba flores durante el viaje y pronunciaba: “Me quiere, mucho, poquito, nada, me quiere, mucho, poquito, nada, me quiere...” y, sin darse cuenta, confeccionó un tapete de margaritas que cubrió el suelo.


Esperanza, en el tercer vagón, suspiraba, una y otra vez, al presenciar desde la ventanilla el imponente paso de la naturaleza. Consideraba que los espejismos, las apariencias, las dudas, los temores, son distracciones que alejan a los seres humanos de la felicidad; no obstante a ella le correspondía la noble tarea de suavizar la melancolía repartiendo, a diestra y siniestra, sus cálidos abrazos.


Por último, en el cuarto vagón, reposaba Destino. El hombre, adusto e impenetrable, se acostaba boca arriba por largas horas. Necesitaba hacerlo puesto que el peso de tantas utopías, provocó en su espalda una pronunciada curvatura. Aún así soportaba la carga con dignidad, valor, humildad, seguro de que, tarde o temprano, su maltrecha columna vertebral adquiriría la ligereza de los sueños. No volvió a preocuparse por las estaciones; ahora esperaba pacientemente a que los relojes coincidieran en cualquiera de los inexplicables cruces de caminos del cosmos.

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El gigante se asomó y comprobó que sus pasajeros se hallaban en los vagones asignados. Debía proseguir el curso de aquel viaje sin principio ni final. Desconocía la próxima parada; su inefable rostro mezclaba sonrisas tenues e inquietantes señales de seriedad. Antes de arrancar pensó en la responsabilidad que implicaba reunir y llevar- en un solo espacio- Tiempo, Ilusión, Esperanza, Destino. Finalmente activó la palanca. El tren silbó, rodó y emitió el sonido similar al rugido del león. La estación misteriosa, etérea, fantasmal se alejaba. Los esperaban majestuoso toboganes de pliegues de la memoria, sugestivos surcos de la imaginación, infinitos laberintos de la fantasía. Metal sobre metal las ruedas sacaron chispas de la carrilera; respetuosas las piedras se apartaron, formando una calle de honor que permitió el paso decidido de un tren que desapareció lentamente, guiado por un singular e impredecible maquinista de nombre AZAR.

15 comentarios:

Reina dijo...

¡Qué bonita alegoría Carlos! y que capricho resulta el Azar; queda clarísimo que cuando se runen tiempo, destino, ilusión y esperanza hay que aprovechar bien, por si llega el azr a debaratrlo todo con sus caprihos, jajaja!

Aunque Ilusión y esperanza puden perfectamente cambiar a destino y no hacer caso a azar.

Besitos

Pedro dijo...

Una fábula magnífica, amigo, perfectamente trenzada. Una metáfora magistral de los avatares de la vida, con sus sueños, ilusiones, esperanzas,... y el inescrutable azar al final conduciéndonos irremediablemente hacia un destino incierto.
He disfrutado con su lectura.
Un fuerte abrazo.

Alicia María Abatilli dijo...

Es genial este post, Carlos. Me admira tu entrega y tu decir personal en esta entrada en especial
Un abrazo.
Alicia

Roxanne dijo...

Maravilloso como siempre mi estimado mago... Una vez más sin palabras...

Roxanne (en busca de su Destino, con Ilusión y Esperanza, a través de los recovecos del Tiempo)...

josé dijo...

Caselo amigo hermano, tu inspiracion viene de la mejor mano, me alegra y es enorme mi admiracion por lo que logras. Te doy gracias por tener este privilegio de contar contigo para abrir mis horizontes, es dicho de verdad. Un abrazo grande para vos y que en este cercano fin de año, brindemos por los sueños de ambos, esos que a veces parecen abandonarnos pero no, somos nosotros los que los descuidamos un poco, nada mas. ¡Chau!!

Sill Scaroni dijo...

Que bonito escrito que habla de la Utopia, de la Vida ... usando matáforas bellissimas.
Como siempre me quedo acá sin palabras.
Un beso y un abrazo.
Sill

Cecy dijo...

Mi querido mago, quiero viajar en ese tren y contagiarme de esa magia..

Amigo subimos?

te quiero, besos

Caminodelsur dijo...

Hermosa leyenda, descrita magistralmente la confabulación de las deidades en esta azarosa travesía llamda vida.
Saludos

http://www.camino-del-sur.blogspot.com/2008/01/en-mi-cumpleaos.html

Criss dijo...

Mi estimado Mago: ¡Qué hermosas metáforas! Hay alguna manera más bella de describir por ejemplo: "El granizo de terciopelo se deshizo en una maraña de débiles flequitos"-
Qué bueno saber querido Mago que a pesar del destino, del tiempo y del azar, siempre viajarán en el tren la ilusión y la esperanza.
Si vos sentís paz en mi universo, yo percibo la magia en el tuyo
Besos

Armida Leticia dijo...

¡Eres el mago de mi corazón! ¡Qué bella entrada!, Todos vámonos de viaje en ese tren y de cuando en cuando recorramos cada uno de los vagones...

Un abrazo desde México.

CalidaSirena dijo...

Me ha encantado leerte, un relato que nos hace pensar y disfrutar..
Un besote muy cálido

sedemiuqse dijo...

Todo en el Universo esta unido. No hay nada casual.

Besos y amor.
je

mimo dijo...

Hola Caselo te dejo un link con una invitación para participar en FOROERASE
SALUDOS
FOROERASE

Runas dijo...

Me la he leido de principio a fin, por que ya desde el primer párrafo me enganchó. Como siempre me ha encantado. Un beso

Massy dijo...

Creo en las coincidencias, en las diosidencias y en el destino...que fue el que nos junto aquella noche....

Un beso suave como brisa de verano, y para calentarte un abrazo tierno con sabor a chocolate..