miércoles, julio 02, 2008


Blanquita Reina


"¿Llevaría por mil pesos a esta abuelita?" y deslizó un billete por la ventanilla del conductor. "Siga no más mi doña", dijo el hombre antes de arrancar.


"¿Dónde pondrá su rabo la abuelita?". Hablaba en voz alta, reía, mientras caminaba por el pasillo. Había varios asientos desocupados, yo estaba en la ventanilla de la tercera fila; cuando me miró señalé mi puesto y la invité: "Abuelita, siéntese conmigo". La señora aceptó, se acomodó a mi lado. "Es que mis huesitos andan vueltos nada. En mayo, al bajarme de una buseta, me caí; parece que se me desencajó un disco de la columna". Volvió a sonreír. "Ahora estoy en terapias; me pusieron una faja que ¡Virgen santísima! aprieta más que una condena".

Se presentó dándome la mano: "Mucho gusto, me llamo
Blanquita Reina. ¿Y usted?". "Carlos Eduardo Rojas, es un placer".


La conversación giró en torno a la difícil situación del país, a lo duro que es conseguir empleo, al drama de quienes no tienen otra opción que buscar el sustento diario en la calle y-fuera de eso- aguantarse la persecución de las autoridades. "Es que ahí, donde me ve, yo vendo agua aromática y jugos en Villas de granada; soy una abuelita a la que le toca trabajar todavía". Señaló sin dejar de sonreír. "¿Y qué hace entonces por estos lados?" me atreví a preguntarle. "Estaba visitando a alguien por aquí..." Hizo una breve pausa: "¿Sabe?, yo soy Católica, creo en Dios. Muchos sacerdotes y mis padres aseguraban que si uno oraba y pedía la gracia de una muerte sin sufrimiento, el altísimo lo escuchaba y cumplía. ¿Usted qué piensa?". Confieso que me tomó por sorpresa la inquietud de Blanquita. Todos le tememos a la muerte- eso presumo- reflexionar, sin embargo, acerca del dolor y el sufrimiento de un hecho al que nadie escapará es un aspecto que,sinceramente, he pasado por alto.


Por supuesto empecé a escudriñar en mi mente las sensaciones que tal vez nos envolverán durante la agonía; luego pensé: ¿Existirá alguna manera de medir el dolor? ¿Se incluye también la muerte de los sueños? y respondí: "
Blanquita, yo simplemente le digo que prefiero orar por los que se quedan aquí; al fin y al cabo los difuntos ya no forman parte de este mundo. En cambio los seres queridos necesitan mucha fortaleza para entender la ausencia de un familiar o amigo".

Blanquita me miraba atentamente, parecía interesada en mi opinión. "Don Carlitos, yo le aseguro que es preferible morir de una vez y no permanecer en una cama. Me aterra convertirme en un estorbo. Por eso vengo del Cementerio, saludaba a mis padres y aproveché para pedirles que intercedieran por mí y me favorecieran con una muerte rápida, sin que me dé cuenta" Después de aquella interpretación no tuve más argumentos; realmente la sabiduría popular es el mejor ejemplo de sentido común (quizás el menos común de los sentidos). "Cuénteme de su esposa y sus hijos". Vaya; las palabras de Blanquita me hicieron reír. Le contesté que no era casado, que no tenía tampoco hijos. "Ay don Carlitos, no es buena la soledad" a lo que manifesté bromeando: "Listo Blanquita, casémonos". La anciana soltó una hermosa carcajada; "Cómo se le ocurre. Yo lo triplico en años ¿Se imagina? Más bien búsquese una señorita"


Ya casi llegaba a mi destino. El viaje fue cálido por la presencia inesperada y mágica de
Blanquita. Entre risas, anécdotas, complicidad le dije: "¿En dónde se baja?" "Voy a la avenida El Dorado"; precisamente, en ese momento, el colectivo se acercaba al puente de dicha avenida, también conocida como Calle 26. "Blanquita, es a una cuadra no más". Nos despedimos con otro apretón de manos. "Está calientico. Gracias don carlitos, vea que se me pasó el dolor en la columna" "Gracias a usted Blanquita; a mi se me olvidó por unos minutos un dolorcito que tengo guardado en el corazón".


Atravesó el p
asillo, timbró sin dejar de gritar: "Gracias don Carlitos, que Dios lo bendiga. Cuídese mucho". Los demás pasajeros me miraron; yo solamente tenía ojos, corazón y ternura para Blanquita hasta que, finalmente, se perdió en medio de las calles de Bogotá.

9 comentarios:

CecydeCecy dijo...

que lindo mi querido amigo, me has echo reir, enternecer, pensar y tambien viajar contigo junto a Blanquita, a mi tambien el corazón se me ha alegrado!!!
gracias.
Te dejo un abracito.

sky-walkyria dijo...

el cariño no tiene limites ni tiempo ni fronteras,
por eso me ha llegado el tuyo al corazon
saludos!

Armida Leticia dijo...

¡Cómo te haces querer!, Caselo, mago de mi corazón, con tus relatos, con la hermosa música con la que me recibes cada vez que entro a tu hogar virtual...

Saludos desde México y un casto beso.

Liz dijo...

hoy celebro contigo la libertad y la esperanza de que las cosas cambien y todos los días pasen cosas buenas en tu tierra.

Un fuerte abrazo.

M. Jose dijo...

A pesar del dolor y la tristeza del corazón, que sentimos, siempre habrá alguien o algo que nos haga salir de ese sufrimiento, aunque sólo sea por unos minutos...
Gracias por tan tierno relato.
Un beso y un abrazo
M.José

Roclates dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Roclates dijo...

Mi buen Amigo. Las penas pasan... los Afectos quedan.
Las lindas vivencias, los momentos de luz, las alegrías! Siempre son más en la vida (que las tristezas). Las buenas personas como tú, lo Iluminan TOOOODOOOO.
De seguro, "carito" ya estará mejor.
Quizás cuando menos lo esperes, las nubes se evaporan, sale "un nuevo sol" e ilumina tus amaneceres. Por ahora, creo que tu calidez y tu Sol interno, son lo más bello que te ha otorgado Dios... Agradece por eso (ya que yo, agradezco siempre, haberte encontrado y que seas mi amigo).

Te mereces TODA la Felicidad del Mundo, y lo sabes, verdad??
(... Así esquíe a buscarla!!! y no se quede ahí, sentado... observando el "litoral"...)

Un Gran Abrazo Fraterno.
Con mucho cariño.
Nori.

PD: Felicidades!! Muy Bello tu relato.

¿Escritora o escribidora? dijo...

Noticia feliz en Colombia...

Pensamiento: Caselo

Muchos besos para ti y para todo Colombia

SoL LuNaR dijo...

LuZ