jueves, marzo 19, 2009

De visita a los Rojas Cruz (Crónicas de Une II)



Fotos Cristian Andrés Shuster


Los pasillos del amplio patio, varios helechos y los brazos extendidos del sagrado corazón dan la bienvenida.


En el costado izquierdo la sala, dos cuartos; al fondo el comedor, la cocina, un zaguán con árboles de durazno y en el segundo piso dos habitaciones más- construidas en los años setenta- complementan la estructura de la casona que aguantó un ataque de la guerrilla a Une en 1996 y el fuerte temblor- casi terremoto- de 2007.

Las paredes guardan las voces y las baldosas los pasos de cuatro mujeres y dos hombres que durante mucho tiempo fueron sus moradores.
Elisa, Carmelita, Rebeca y María Delia nunca se casaron. Mantuvieron para siempre la condición de señoritas pese a que jamás les faltaron pretendientes.


No sé hasta qué punto los apellidos Rojas Cruz tuvieron algo que ver en eso. Quienes las conocieron aseguran que eran damas muy distinguidas y aunque se dedicaron a la docencia (excepto Rebeca cuya labor fue la modistería) se cuidaban de guardar cierta distancia.

Se relacionaban de manera cordial y respetuosa con la gente del pueblo y, además, acumularon algunas tierras que las acostumbraron a tratarse con trabajadores campesinos del municipio. Su afición por la música de cuerdas convirtió la casa en lugar de animadas reuniones al calor de los aires típicos de la región, eso sí, acompañadas de invitados muy bien escogidos.


En cuanto a los hombres Rosendo se marchó muy joven a Cali para buscar nuevos horizontes y en esa ciudad se casó; en cambio Carlos Eduardo permaneció protegido por sus hermanas. También le picó el bichito de la enseñanza y, finalmente, hizo una pilatuna que en esa ápoca se consideraba un terrible pecado: contrajo nupcias con su prima- en segundo o tercer grado- Emma Rojas Carrillo. De esa unión nace una de las ramas de mi árbol genealógico.

Por eso al regresar a Une sentí que sería la oportunidad de escudriñar el texto de la historia de mis orígenes cuyas paginas se encuentran en las calles, el aroma de la casa , los paisajes y los habitantes de esta población…





12 comentarios:

María Marta Bruno dijo...

Qué linda pintura de pueblo dormido en la siesta...

Y qué bueno poder ir a los orígenes y encontrarlos.

La casona, una delicia... a ese tipo de casas aqui les decimos "casa tipo chorizo"... y la de mis abuelos era similar, con galería en vez de patio, adonde daban las puertas de las habitaciones.

Gracias por el recuerdo, amigo mago!

Roxanne dijo...

Esa casa así me recuerda mucho a los caserones de Buenos Aires... Algo de melancolía...

Te-Pito-O-Te-Henua dijo...

Que hermoso hogar ...
Hola Carlos, todo bién contigo?
Dejo un abrazo.
Sill

Edgardo dijo...

Somos parte de nuestro pasado, de las cosas que poblaron, vistieron, estenografiaron nuestro pasado. Somos, parte de hoy, parte de ayer, parte de uno y de muchos, parte de un lugar, un contexto, una época.

Bello relato has realizado, bella descripción de una instantánea que ya no se encuentra, de un pueblo, de una siesta, de un momento que quedo lejano en el tiempo. Me hubiera gustado conocer esas cuatro señoritas.

Es bueno y saludable para todas las almas volver a los orígenes de cada uno. Conocerlos, recordarlos, entenderlos, en ellos se encuentran algunas explicaciones de nuestro presente, de nuestra forma de ser.

La arquitectura de la casa es hermosa. Me hace recordar a la casa de mi abuela, donde pase tantas tardes jugando e imaginando historias.

Un abrazo fraterno mi amigo, mi compañero, mi hermano. Me pusiste nostálgico.


HologramaBlanco

Reina dijo...

Mi queridísimo amigo, me has vuelto a mostrar la magia; me has trasladado a un cuento de gabo o de Isabel Allende, o del as mejores épocas de Carlos Fuentes; no sé, tus palabras, esa fotos... Me han hecho sentir que en mi "otra vida" yo no era española.

Besos a cientos de miles, jeje!
Sigue feliz, mi amigo

mj dijo...

Qué hermoso tu viaje!!!
y cómo me gustaría visitar esa tierra pintada por tus palabras...
Un enorme abrazo mago y adelante
mj

Ruth L. Acosta dijo...

Carlos Eduardo querido...

Que lindo es evocar viejos recuerdos, verdad? Claro que esa casona es parte tuya, ó mejor dicho, eres una extensión de ella... de tu familia...

Que lindas fotos nos regalas, ya me dieron ganas de visitar Une... aqui, cerca de mi ciudad, hay pueblos también, precisamente el fin de semana fuí a uno, se come delicioso, y me trajo el sabor a hogar, a mi familia en los años en que era yo muy pequeña y vivía con la abuela... Es una bendición que podamos recorrer esos espacios...

Te mando muchos besos y todo mi cariño, gracias por tus visitas, no sabes cuanto me emocionan...

salvadorpliego dijo...

Qué maravilla de recuerdos me trajiste con estas imágenes y tus letras. Bravisimo!!!!!

PAOLA dijo...

Emotivo, certero, sensible, como siempre tienes el timing justo para ir al corazón directo, sin escalas.
Memoria, identidad, historia, pilares para que el presente se nutra de un pasado consolidado para forjar el mejor futuro posible.
Un lujo
Besos

josé dijo...

Hermanito Caselo, sos una persona agraciada al saber tanto de tus lazos familiares, eso es algo que me adeudo, saber de la vida joven de mi padre, de mi madre tengo referencias por una hermana menor que tienes muy buena memoria, eso es impagable. Me he visto en tu relato, y esa hornalla antigua me mató. Un abrazo.

miralunas dijo...

imagino los latidos de tu corazón, mientras tus ojos recorriena rincones y recuerdos..., qué bien describes la casa y sus habitantes!... me ha encantado! te dejo un beso en el llamador....

Khumeia dijo...

caselo, mago y amigo: Una delicia tu relato. Parte de vos está en esa tierra, esa casa y esa gente. Gracias por permitirme asomarme a la vida de los tuyos y quedarme un ratito prendida de tus palabras y fotos.