martes, septiembre 23, 2008

Desde la orilla de los inconformes







“Se busca urgentemente oasis en medio de la ciudad” El aviso apareció en los clasificados de mis sueños esta mañana, justo debajo de los obituarios, los edictos, las ofertas de trabajo y los negocios de cualquier tipo. Tantas palabras resaltadas, frases llamativas, propuestas decentes e indecentes que preferí cerrar el diario antes que retroceder y enfrentarme al torrente de noticias que ya se veía venir. Más tarde-no sé si aún dormido o despierto- la radio me sorprendió con su acostumbrado tropel de informaciones: El guerrillero abatido por el contingente celestial que le propinó un letal infarto al corazón; la reyerta entre gobiernos vecinos; la silla vacía, la inflación acelerada y el desinfle de las economía; la locura de la Eurocopa, en fin, el monotemático acontecer nacional e internacional, mezclado con las opiniones al aire de uno que otro oyente. Afuera me recibió la misma soledad colectiva de millones de rostros anónimos e indiferentes. Las paredes reflejaban el caos con su collage de carteles, grafitis desafiantes o, simplemente, la frialdad de los muros desnudos y descoloridos. “No había nada que hacer, así es la vida”, pensé cuando -de repente- empecé a escuchar el eco de algunas voces: “La poesía es la comunicación con la conciencia”; “Hay que leer en voz alta”; “La literatura es una manera de estar incómodo en el mundo”; “La casas sin biblioteca son muy tristes”; “Leer y escribir son un juego”; “El mundo no sería mejor sin el Quijote”… Las frases pertenecen, en su orden, a Piedad Bonnet, Darío Jaramillo, Juan David Correa, Antonio García, Ricardo Silva y Julio Paredes quienes me ayudaron a entender que el mundo está ya creado, solamente hay que ponerle un poco de magia. Y lo hicieron desde un lugar en el que los niños aprenden a amar los libros: Espantapájaros. Entonces concluí que aquel oasis no estaba en mi mente, ni era una utopía; habitaba en lo cotidiano y en las cosas más sencillas.

El 6 de mayo se abrió esa puerta a la fantasía que cada martes se convirtió en un pretexto para dejar volar la imaginación. Seis sesiones que se transformaron en verdaderas horas del cuento en las que seres tan humanos- como usted y como yo- transmitieron su sensibilidad a través de la palabra. Siempre creí que los escritores pertenecían a otro orden universal o que se desplazaban en dimensiones inalcanzables. Los veía encerrados en su estudio mientras se entregaban al oficio más solitario de todos: La creación literaria. Y me di cuenta de que mis apreciaciones no correspondían con la realidad. No solo escriben; también sueñan, aman, ríen, lloran. Y si quedaban dudas ahora estaban allí, al frente de nosotros, compartiendo sus experiencias. Por eso, más que talleres, en Espantapájaros se recuperó la esencia de un arte que tiende a desaparecer: la conversación. En ese ambiente de tertulia aparecieron las claves que los identifican y, especialmente, un punto en común: los seis nacieron, crecieron y viven hoy en hogares que tienen biblioteca. Al fin y al cabo la mejor escuela es esa, viajar por las historias que otros crearon y aventurarse a escribir nuevas propuestas. Solo a partir del “vicio” de la lectura se adquiere la materia prima para prolongar ese texto sin fronteras. Las demás herramientas (estructuras gramaticales, géneros literarios, etc) llegarán envueltas en el aroma de las ficciones y de las realidades. Darío Jaramillo lo explicó mejor: “Hay que acercar los libros a la gente y prohibírselos a los niños”, hermosa caricatura de las sanas y proféticas contradicciones.

Sin camisas de fuerza, reconociendo la vulnerabilidad que genera desnudar el alma en la hoja en blanco o la pantalla del computador y evitando a toda costa matricularse en la lista de hombres y mujeres famosos, dejaron bien en claro que la escritura es su estilo de vida. Y en esa profesión que no admite intermediarios entre el autor y sus personajes, hay formas de interpretar los espacios vacíos. Será por eso que, de la mano de las letras de nuestro abecedario, la música, el cine y las diversas expresiones de la cultura confabulan en las cabezas de aquellos poetas y novelistas. “Me costó mucho ponerme a leer. Estuve rodeado de colecciones y me divertían las películas, las cómics y otras lecturas que no necesariamente eran libros”, afirmó Ricardo Silva.

Se trató de un recorrido sin itinerarios ni estaciones fijas.No hubo recetas, tampoco verdades absolutas, simplemente una invitación sincera a descubrir el encanto y la fuerza de la palabra. “La literatura pone en duda el lugar de uno en el mundo”, manifestó Juan David Correa en una frase que, sin temor a equivocarme, resume el sentido de los encuentros en Espantapájaros. Gracias a ella me di cuenta de que ya no tengo por qué buscar el oasis de los sueños en medio de la ciudad. El oasis está aquí, al alcance de la mano. Solamente basta recordar que los atajos de la escritura son también una manera de romper los miedos y edificar ese mundo posible en el que quepamos todos.

*El anterior texto lo escribí en junio de este año como una manera de agradecer la invitación que me hizo la gran escritora colombiana Yolanda Reyes para asistir a los conversatorios "Desde el estudio del escritor", llevados a cabo en su taller de lectura y escritura para niños y jóvenes "Espantapájaros". En el título está el link de la página para que conozcan más acerca de este espacio creado y dirigido por Yolanda Reyes. También los nombres de cada autor los llevarán a enlaces que les permitirá acercarse a sus respectivas obras.

9 comentarios:

Edgardo dijo...

Excelentísimo texto, fresco sentimiento y grandes deseos. Las palabras saltan una a una a la hoja, van jugando, dibujando, como solo saben dibujar los dibujantes y conforman una oración, que con otras oraciones forman una historia. Que mejor decir, escribir, contar una historia, dejar una idea bajo la forma de una palabra, de una oración, de algo que nos haga ir un poco mas allá de donde estamos. Yo creo, al igual que creía Unamuno, los personajes de ficción tienen vida, y ellos juegan con los escritores, obligándoles a contar la historia que ellos quieren contar.

Los libros deben estar cerca de todos, grande, niños, ancianos, “fachos”, “zurdos”, buenos y malos. Las casas deberían ser grandes bibliotecas, pero no para obligar a leer, eso sería una tontería, sino para que todos tengan acceso a los textos y puedan consultarlos cuando les venga en gana, que a decir verdad, eso se daría siempre (o lo supongo), pues es una tentación para propios y ajenos ver tantos libros, tantas encuadernaciones, tantos lomos frente a uno y no tener la curiosidad de saber que hay detrás de todo eso.

Me ha gustado mucho, que bueno que te invitaran a una charla tan importante.

Te dejo un fuerte abrazo.

HologramaBlanco

Emanuela dijo...

Olá amigo Caselo... palavras sempre belas! Passando pra te deixar um grande abraço e um beijinho carinhoso.

Armida Leticia dijo...

Escribir es un placer.

Una abrazo querido mago, desde México.

Sill Scaroni dijo...

Palabras que danzan con sonoridad.
Maravilloso tu texto, mi amigo Carlo.
Un beso.
Sill

Runas dijo...

El último párrafo lo dice todo. Me gusta como escribes ya te lo he dicho en alguna que otra ocasion. Un beso

Pedro dijo...

Tambien yo encontre ese oasis de salvación hace poco tiempo. Aunque pienso que cuando el espíritu lo busca inconscientemente, tarde o temprano llega, sólo es cuestión de tiempo.
Me alegro mucho por tu hallazgo, sobretodo porque nos beneficia a todos los que te seguimos.
Un fuerte abrazo.

M. Jose dijo...

Querido amigo Carlo, es de agradecer este texto tuyo. "La escrtitura es un medio para romper los miedos" Qué razón llevas en esto...y no solamente los miedos, son tantas cosas!!!
Un enorme abrazo
MJ

el huerfano piano dijo...

leerte es un placer.
como siempre aun que a veces en silencio te sigo...
Otras de busco...
un beso

el huerfano piano dijo...

leerte es un placer.
como siempre aun que a veces en silencio te sigo...
Otras de busco...
un beso