jueves, julio 31, 2008


Pasajera del tiempo

Cuéntame ¿Qué haces ahí?


Frágil y delicada- igual que un suspiro- desvaneces la nostalgia con tu vuelo que dibuja filigranas en el aire.


Te han cantado trovadores sin nombre, colosos de la poesía; hasta podría decirse que tu silueta danza con el cincel que talla el tiempo sobre una roca de vientos y mareas


Ayer te vi pasar suspendida en la última ráfaga de misterio; tus alas invisibles se posaron en una rendija de mi memoria y la extraña sombra de la pieza de un rompecabezas se incrustó en el espacio vacío para llenarlo de tus ecos .


Así, una y otra vez, reinventas fantasías en receso, desatas las amarras de temores infundados, aniquilas la amenaza de fantasmas sin invierno. Por eso, más allá de la dimensión que te convoca, desde tu batir rítmico de ansias y certezas, nuestras voces se entrecruzan... luego siguen su interminable travesía como irreverentes pasajeras de las ondas que se desprenden de los acordes de mi guitarra.


martes, julio 29, 2008

Escalar


No enarbolaré banderas en la cumbre, simplemente subiré para aspirar el aire de las alturas.

La sabana se extiende como un tapete de hojas, tierra, agua, gritos, llanto y silencio.

En cada ondulación aparecen las señales de la historia que se esconden en los pasos de viajeros desconocidos. Algunos avanzan dejando atrás los signos de un tiempo que parece retornar al punto de partida; otros pasan de largo sin detenerse a contemplar los kilómetros abandonados; los demás desfilan esquivando las sombras de muros que se levantan a lado y lado del camino.

Andar sin conocer cuál es la próxima parada;

Salir aunque la prisa desequilibre;

llegar sin importar cómo, cuándo, a dónde.

Resistir siempre, a pesar del miedo a lo desconocido.

Las cosas que se ven son temporales

y las que no tal vez... eternas

martes, julio 22, 2008




La fuerza de la palabra


Caminamos, caminaremos, hemos caminado. Pretéritos perfectos e imperfectos, futuros que se aguardan a sí mismos, presentes tan reales que pueden olerse a kilómetros de distancia.

Marina sirvió el vino que llevó con ocasión de nuestra visita a Luz Marina. Por supuesto a mí me correspondió el honor de destaparlo, no sin antes habilitar con un tornillo el improvisado sacacorchos. Mientras Luz Marina sostenía la botella, yo me encargué de jalar de un solo envión ayudado de unos alicates; y aunque por exceso de fuerza-o quizás de emoción- la mitad del corcho quedó en el cuello de la botella, pudimos degustar el delicioso manjar de los dioses que provenía de las entrañables tierras chilenas.

El sur de Bogotá es una ciudad escondida, diferente y desarraigada de la propia capital, que se extiende con su historia de desplazamiento, violencia, pobreza pero también mucha, muchísima dignidad. Al fin y al cabo por aquí entraron las tropas libertadoras de Bolívar después de su paso inverosímil por la Cordillera de los Andes.

La vida de Luz Marina es reflejo del empuje y coraje de los colombianos, especialmente de las mujeres; basta leer el comienzo de su escrito en La ciudad jamás contada titulado “¿Qué se hizo esta ciudad que yo quería?” para dimensionar su capacidad de entrega, amor y sacrificio:

“Le taladramos el alma a la montaña a pico y pala para lograr la felicidad de una vivienda digna. Una tabla, una puntilla, un ladrillo; chambas y huecos para las columnas; se levantaron paredes, se fundieron planchas. Todo para vivir mejor. Vendría el sorteo y en medio de una fiesta vimos que nuestro sueño se hacía realidad. Y así comenzó la historia. Soñamos en un futuro, viéndonos emparentados, los hijos de los vecinos casados, los niños que más tarde querrían ser profesionales o quizás obreros como sus padres, veíamos nuestras casas terminadas de tres pisos con altillo…”


Y, efectivamente, ahora estábamos en la vivienda soñada compartiendo la tarde de un sábado en medio de risas, complicidad y recuerdos.

Marina interrumpió a su tocaya cuando hablaba de las dificultades que tuvo que padecer y dijo: “Es que Colombia es un país de mujeres”, a lo que manifesté: “Toda Latinoamérica es tierra de mujeres” y de inmediato agregó: “No mi Charlie, más que todo Colombia, eso te lo garantizo”. El tono de su voz era dulce y firme a la vez; por eso empecé a visualizar a las madres de mi país que van por todo el territorio de la mano con sus hijos para llegar a alguna parte; o en las esquinas esas valientes mujeres vendiendo lo que pueden con tal de no dejar morir de hambre a la familia. Al mismo tiempo las líderes de la comunidad que reclaman respeto y justicia social. Concluí entonces que Marina tenía razón: “Colombia es un país que no se ha desangrado completamente gracias a sus mujeres”.

La tarde se nos fue igual que los vientos de agosto que se aproximan. Había tanto todavía por decir que prometimos repetir el encuentro. La ciudad jamás contada, a parte de ser un proyecto que nos permitió publicar nuestros escritos, nos dejó algo más: lazos inquebrantables de amistad. La próxima semana, el 29 de julio, tendremos la oportunidad de visitar a Klauss Salcedo en la Cárcel la picota. Él es otro de los ganadores de la convocatoria y escribió un texto hermoso llamado “Desde el jardín”. Su testimonio es otra prueba de que la libertad se lleva en el alma y en el corazón porque, a pesar de permanecer recluido, sus palabras se esparcieron a lo largo de la geografía nacional. Y después nos quejamos de que no hemos podido hacer nuestros sueños realidad.

jueves, julio 17, 2008




Del canto de la tierra



Nunca será repetido; aunque en apariencia se trate de la misma imagen, es su significado el que lo convierte en especial y diferente a la vez. Traigo esta caricia que me dejó mi compañera Roclates y la comparto con mis cómplices de este espacio de sueños. Reciban el premio, se lo merecen de verdad. Viene de un ser humano muy especial que lleva en su mirada la lucha del pueblo, en su corazón la sonrisa de los niños y en su alma cada expresión viva de nuestra amada tierra latinoamericana.

Cumpa, muchas gracias por el homenaje; yo también la quiero millones.
A mis amigas y amigos de esta casa ¡FELICITACIONES!

lunes, julio 07, 2008


Encuentro


Fui de casa en casa desalojando muebles viejos, barriendo polvo olvidado, desatornillando puertas oxidadas. Desajusté el último eslabón que le quedaba a la cadena de la tristeza y en su lugar puse un hilo amarillo. Después amarré a la pata de la cama el reloj detenido hace cinco años y lo eché a andar con almohadas, sábanas y cobijas.
Un espejo sin brillo me llamaba desde su dimensión abandonada y sombría. Le pasé un trapo y apareció de pronto mi rostro sonriente. Nos miramos ; el del otro lado guiñó su ojo derecho y yo el izquierdo. Mi doble levantó la mano en señal de despedida, al tiempo que yo trataba de corresponder aquel adiós con un gesto de agradecimiento.

Nos marchamos cada uno a festejar nuevas primaveras. Tomamos caminos diferentes: él desapareció después de derramar una lágrima. Yo suspiré profundo, me detuve a la orilla del río y lancé una piedra. En ese objeto inanimado, de barriguita plana, solté cada una de mis penas. La vi alejarse dando saltos de alegría sobre el agua hasta que,finalmente, se perdió en las profundidades.

Hoy sabemos que no nos hemos extraviado. Simplemente andamos en paralelo, viviendo vidas propias, prestadas y ajenas. En las huellas que dejamos sobre el barro hay perfiles desiguales de sueños y esperanzas. Y si acaso llegáramos a perdernos, nos unirían el sol del medio día, el último destello de atardecer, la luz serena de la luna y la manta de la amistad que abriga como una caricia de la naturaleza.