miércoles, abril 20, 2011

El viaje de los sueños


"¿Por qué lloverá tanto?", le preguntó una hoja a un barquito de papel.

"Es para que los niños jueguen en los charcos", respondió orgulloso el barquito de papel.

"Ahhhhhhh no, tú feliz porque mañana estarás navegando en cuanto arroyo se forme y harás sonreír a miles de niños; en cambio yo ¿qué puedo ofrecer?"

El barquito se quedó mirándola. Según le habían dicho la naturaleza, en cierta época del año, cambia de ropa y se dio cuenta de que, ahora, la hoja era amarilla.

"Pero amiga, no estás a la deriva. Junto a las demás tú formas un hermoso tapete al caer de los árboles. ¿Cuántas pinturas, poemas o canciones no han sido inspiradas por ustedes?", aseguró el barquito de papel.

Aún así la hojita no sentía que ocupara ningún lugar destacado en el Universo. Se veía allí, tan simple, acabada de arrancar de una rama por el viento frío de la tarde. Resignada, y muy triste, empezó a llorar en medio del silencio. Justo en ese instante pasaba un hombre cargando una guitarra. Venía de cantar por las calles de aquella ciudad gris. Se sentó en una banca del parque, dejó que la lluvia mojara su rostro, respiró profundo y cerró sus ojos. Luego se levantó para marcharse, empezó a caminar, dio tres pasos y, de pronto, se detuvo. Desandó el camino, regresó al punto de partida, se agachó y eligió, entre todas, la hoja que, minutos antes, se quejaba de no ser más que una señal de tiempos que no volverían. Nerviosa, la hojita se sonrojó sin entender lo que sucedía. Enseguida el hombre se sentó de nuevo en la banca, buscó algo en el bolsillo de su chaqueta, sacó un lápiz y, sobre la superficie suave de la hojita, escribió:

"Acá no es otoño, tampoco vendrá el invierno, mucho menos el verano. La primavera, sin embargo, la tengo asegurada desde que te conocí. Te amo"

El barquito de papel sonrió mientras le guiñaba un ojo a la hojita, pues entendió que su amiga se convertiría en mensajera de un sentimiento.

El hombre se paró, parecía decidido a marcharse. Alcanzó a caminar tres pasos y, de repente, se detuvo otra vez. Bajó la cabeza y a sus pies vio un simpático barquito de papel. Le llamó la atención el colorido de su barriguita. Entonces lo recogió con mucho cuidado, le puso la hojita con sus palabras, los llevó a un riachuelo que bajaba alegremente de la montaña y esperó emocionado que se alejaran hasta perderse arrastrados por la corriente. Sabía que, tarde o temprano, desembocarían en el mar y llevarían hacia el otro lado del continente el mensaje con su sentida declaración de amor.

viernes, abril 15, 2011

La tristeza de Plutón


El sol pidió absoluto silencio, sacó una hoja y empezó a llamar a lista. Uno a uno pronunció los nombres de los planetas y todos respondían con un “presente”. La luna, mientras tanto, tomaba nota de cuanto sucedía en la asamblea. Era la reunión anual del Sistema Solar que hace parte de la galaxia llamada Vía Láctea.

Todo iba bien;
los planetas, en general, cumplieron con su objetivo de dar vueltas alrededor del sol y, al mismo tiempo, de girar sobre su propio eje: Mercurio, Venus, La tierra (el único planeta del sistema solar habitado por hombres, mujeres, niños, plantas y animales), Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.

Había alguien, sin embargo, bastante molesto e inconforme; un cuerpo del espacio que antes se llamaba planeta, pero que, ahora, era considerado planetoide. Se trataba de Plutón quien, para manifestar su tristeza, no paraba de llorar y decía “presente” sin que nadie preguntara por él. El Sol, profundamente conmovido, dijo: “Plutón. No tienes por qué sentirte mal. Como todos los cuerpos del Universo eres importante. Fíjate en los cometas, por ejemplo el Halley: pasa cerca de mí cada 75 años y no se acompleja por eso. O en la cantidad de estrellas que nacen y mueren todos los días. Somos una pequeña parte del Universo, nuestro Sistema Solar no es el único. Existen muchísimos; tal vez en alguno de ellos alguien parecido a ti, se queja en este momento”. Los demás planetas estuvieron de acuerdo y se dedicaron a animar a Plutón.

Y así continuó la reunión anual de la Vía Láctea. Curiosamente La
tierra, que como ya dijimos es el único planeta del sistema solar habitado por hombres, mujeres, niños, plantas y animales, se reía a cada rato. Eran las cosquillas que le hacían los seres vivos cada vez que empezaba un nuevo día.