miércoles, octubre 13, 2010

Música culta





Subir, bajar, esperar otro bus. Y así durante todo el día, hasta que las monedas y los billetes digan, en medio de guiños de complicidad, que es hora de ir a casa.  Soy artista urbano. Mi jornada transcurre entre cualquier esquina con semáforo de Bogotá y los vehículos de transporte público. Un escenario rodante en el que muchos pasajeros no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor.  Algunos ni siquiera abren los ojos, mientras que otros dirigen su mirada inexpresiva hacia la ventana por donde se ve pasar la ciudad en contravía. 

Ya va una semana de sol. Al parecer el invierno nos dio una tregua. La ciudad es muy diferente por estos días. La gente más amable, el gris de las calles no es agresivo, las vitrinas se pintan de naranja al caer la tarde y los árboles, más que testigos silenciosos, se transforman en agradables sombras protectoras. 

-“Buenas tardes damas y caballeros. Gracias a la gentileza del señor conductor voy a compartir un tema de nuestro folklor. Se trata del bambuco Soñando con los abuelos…”
Respiré profundo, repasé los rostros de mi público y empecé a cantar:

“Anoche estuve soñando,
que hablaba con mis abuelos
y les pregunté llorando
¿Qué puedo hacer por mi pueblo?
Aquí ya no existe paz
Aquí ya no hay libertad
Aquí ya no pasa un día sin algo que lamentar…”

De pronto una señora que estaba en la segunda fila hizo una mueca de desagrado, se paró y fue a sentarse en las últimas sillas. A su lado otra mujer empezó a taparse los oídos y, finalmente, el hombre que estaba a su derecha le comentaba algo sin quitarse los audífonos que tenía puestos. 

"Aquí el hermano traiciona
y se ufana al traicionar
y el hermano va y nos vende
y luego vuelve a cobrar.
Aquí el mundo está al revés
nadie quiere trabajar
y a las gentes que trabajan
las arrasan sin piedad."


Las demás personas se veían tranquilas, inclusive algunos parecían disfrutar mi actuación.
Seguí como si nada, pero el grupo que estaba en la última fila exageraba cada vez más las evidentes señales de fastidio hacia mí. Me hice el pendejo y continué. 

"Yo no quiero ser cobarde
usted me enseñó valor
por eso para quedarme
quiero hallar la solución.
La sonrisa del abuelo
no sé por qué me dio paz
y esperé por un momento
que empezara a aconsejar.
Me dijo, con miedo mijo,
no cambia lo que suceda
para integrar la familia
haga todo lo que pueda
no sea extranjero en su tierra
viva siempre como piensa
para que cargue tranquilo
livianita la conciencia..."
 
Faltaba solamente una estrofa, cuando la mujer que se tapaba los oídos con sus manos gritó:
_ “Ya cállese que me tiene desesperada”. 

Enseguida la señora y el tipo que tenía puestos los audífonos se le unieron:
_”Sí, cállese que usted no sabe cantar”.

En la parte del bus donde me encontraba, es decir adelante, los pasajeros me apoyaron:
_ “Respeten que el señor canta muy bien y la letra de la canción está genial”
_ “Que gente tan grosera, cállense más bien ustedes”
_ “Señor, no les haga caso, por favor”, me dijo una jovencita después de sonreírme.

Muy confundido, nervioso y apenado acabé. Jamás me había pasado algo así. En casi todos los buses, busetas y colectivos me aplauden y me dan las gracias, además- por supuesto- de colaborarme. No sé de dónde saqué fuerzas, volví a respirar profundo, me apoyé sobre los dedos gordos de mis pies y entonces, con absoluta seriedad, dije para terminar:

_ “Muchas gracias por su solidaridad, pero las personas que protestaron tienen toda la razón. Lo que pasa es que tal vez ustedes no saben que ellos pertenecen a una compañía que promueve la música culta. Por ejemplo, el señor que tiene los audífonos es un tenor muy reconocido que ha cantado en la ópera El Barbero de Sevilla en varios teatros europeos. Y las señoras que están a su lado, una soprano y la otra contralto, se han presentado en espectáculos tales como Carmina Burana y la ópera Carmen. Por eso, en reconocimiento a su estatura musical y en una actitud de desagravio por mi espantosa interpretación, les pido el favor que les regalemos un sonoro aplauso…”

Carcajada general y lluvia de aplausos fue la despedida que me dieron. Antes de salir el señor de los audífonos me miró con cara de pocos amigos. Y las mujeres que lo acompañaban bajaron la cabeza, justo en el momento  de acercarme  y pasar cargando  mi guitarra y una enorme sonrisa dibujada en mi rostro.

8 comentarios:

adrimar321 dijo...

Ay Caselo!!! como te admiro hermano colombiano!!! Que valiente que sos, digno admirador de nuestro Silvio, has aprendido a no partirte al medio, a ser vos mismo, siempre, en todas las circunstancias...
Te admiro por tu integridad, por tu honestidad, y tambien , y mucho por esa capacidad que tenés de relatar tan bien, de forma que nos atrapas , nos haces vivir lo que estás contando...

Y por tu sentido del humor, que creo es el que permite sobrellevar muchas situaciones duras con una sonrisa, y nos ayudas a otros tambien a ver lo que nos pasa desde otra perspectiva.

Como sabes, porque has leído parte de mi vida, no siempre puedo tomarme asi los hechos que vivo. Tengo una tendencia mas melancolica,aunque estoy tratando de tomar las cosas con mas humor.

El tema, creo , es canalizar el dolor, la bronca ante la injusticia , ante las actitudes discrimintorias individuales y/o sociales, de manera creativa, que no nos haga daño, y tampoco a los demas, pero...QUE CREE CONCIENCIA.
Te pido me ayudes a ir viendo como relatar mejor, y no se si abrir el blog, pero quiero ir publicando cosas en face, en notas. Sabes si pueden ser extensas?
te abrazo desde pergamino
tu hermana
adriana

águila que cae cae cae y cae y recae dijo...

ASÍ SE HACE. PUES VIVIMOS ENTRE GENTE CULTA, TODOS SON CULTOS, EL ÚNICO INCULTO ES UNO MISMO. TRES FELICITACIONES.

Iraida dijo...

Caselo:

Hace dias lei tu relato, pero en ese momento no podia entrar en google y comentar.

Casi te vi en la guagua, cantando, los pasajeros amables y los hostiles. Asi como es la vida. Muy luchador eres, Caselo.

Me gusta también por esa pincelada costumbrista de tu ciudad, "nunca antes contada", y contada una vez mas por ti en pinceladas costumbristas como esta.

Las imagenes últimas que tengo de musicos "callejeros" son de Oslo, donde vivi algún tiempo. Algun nordico, pero casi todos latinoamericanos y algun africano aislado. A un argentino de ellos lo traté personalmente y, oye, hacia plata con eso y vendiendo prendas de fantasía en la calle Karljohan. El se paraba generalmente en la salida del tren a tocar su flauta. Y para que veas contrastes después amenizó una exposición del pintor mejicano Rufino Tamayo.

Un beso.

Iraida dijo...

Olvidaba decirte que Silvio comento un mensaje tuyo en mi blog en el tema de Aurora Feliú, hace ya varios dias.

Alejandra dijo...

Me encanta, simplemente eso. Eres tal cual eres.

Un abrazo por siempre y para siempre.

Lorena dijo...

Me encanta como con un hecho cotidiano para muchos, tú muestras lo que es la cultura, el respeto por el otro y la asertividad...
Un abrazo Caselo

Lorena dijo...

Me encanta como con un hecho cotidiano para muchos, tú muestras lo que es la cultura, el respeto por el otro y la asertividad...
Un abrazo Caselo

Tamara dijo...

En contrè este blog, por casualidad.Me encantò.Estuve casi toda la noche leyèndolo. Seguirè fielmente sus letras. Felicitaciones!!!!!