Lentamente el blanco cubre este mundo de fantasía. Espacios vacíos de un universo cuya luz no implica claridad. Es similar a la realidad de José Saramago en su “Ensayo sobre la ceguera”. Allí las tinieblas se esconden en aquella luminosidad que no proyecta sombras. Todo es inmaculado, uniforme, imágenes que se disuelven en lo etéreo. Cerrar los ojos y no ver negro o color alguno. Mirarse en el espejo sin encontrar rasgos. Escribir y decir palabras que se llevó el viento.
“Bogotá, diciembre 27 de 2009
Te escribo hoy domingo, aunque bien podría ser cualquier día. Por esta época las semanas parecen colchas de retazos, rompecabezas o las hojas sueltas de un almanaque al que le faltan todos los meses. Desperté en la misma cama, en la misma posición, con las mismas cobijas y la misma soledad. Nada de lo que hay aquí me pertenece. Tienen sala nueva, pintaron la fachada de la casa y arreglaron el muro de jardín que se cayó semanas atrás. Huele a café. Seguramente papá ya se levantó. No escucho el ladrido de Cannabis, debe estar todavía en el cuarto de María Clara. Y Juan Camilo seguirá profundo; aún no es su hora. Lo único que me gusta ver al abrir la ventana es el árbol de feijoa. Sí, el que nos regaló la familia Pardo…
No soy testigo de fiar. Suelo inventar historias que salen de lo cotidiano. A veces relato en tercera persona, escondido en las márgenes del devenir del tiempo, alejado de murmullos, pasos y olores. Me escabullo sin que nadie se de cuenta y busco la calle en sentido paralelo para quedar aislado de la multitud; pero cuando hablo desde mi orilla fluye el río de mis pasiones desbordadas. Arremeto sin pedir permiso, me desplazo dando tumbos sin importar lo que me lleve por delante, suelto mis amarras en busca de esa libertad que ahora tengo encarcelada.
No quiero más paréntesis en mi vida. Son como secretos que se dicen en medio de una conversación. Las trampas del lenguaje equivalen a botellas rotas. Si las pisas es posible que se incrusten en la suela de tus zapatos. Después, al caminar, probablemente un cristal alcance la planta de uno de tus pies. Y vaya uno a saber si ese dolorcito no es capaz de colarse, inclusive, hasta en las rendijas del alma. No es un juego de niños ni cuestión de poca monta. ¿Sabes? Siempre se me dificultaron los trabalenguas, también las adivinanzas. No fui muy hábil expresándome. Es más, tuvimos un lorito que no era parlanchín (que coincidencia ¿verdad?). Duró con nosotros una década. ¿Te acuerdas de la tortuga (o tortugo) morrocoy que llevó mi hermana? Fue justamente por esos años. Te conté que me aterraba encontrarlo volteado y pataleando, porque había quedado encima de su caparazón. De inmediato lo enderezaba y, aunque parezca increíble, salía corriendo.
Me voy un rato al parque. No sé muy bien por qué o para qué. Simplemente necesito la caricia del viento, del sol, de la lluvia, del frío. Necesito sentir y saber que estoy vivo. Necesito enmudecer y recorrer un instante los senderos rodeados de árboles, culumpios y niños. Es sólo mientras despierto de un sueño que me llenó el alma.
Que esa sonrisa que te vi esta mañana te acompañe siempre"
Un abrazo
Carlos Eduardo.
1 comentarios:
Mago de mi corazón, ¡¡¡Deseo que el 2010, llegue cargado de mucha salud, de dinero y amor mucho amor para ti y los tuyos!!!
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