domingo, noviembre 30, 2008

Colores


Cuando termina una semana llena de momentos gratos hay que gritarlo a los cuatro vientos. Esta noche dormiré como un niño arrullado por los susurros de la esperanza.


En realidad para ser feliz no pido mucho. Sentir la presencia de mis cómplices en mis diferentes espacios, percibir corazones que regalan cariño, despertar cada mañana y acariciar un nuevo día, sólo con eso me basta. De ahí que lo comparta con ustedes amigas y amigos míos.


Regresar así es nunca haber partido. Ahora seguiré adelante pateando las piedras, abrazando los árboles y entregándome de lleno, una y otra vez, a la magia de la de la palabra.


Soy el mago de tu corazón ¿quieres beber un poco del elíxir que te preparé?


miércoles, noviembre 26, 2008

Filos de lata


Durante mi ausencia resolví dejar de publicar en mis blog hasta tanto no solucionara mi conexión de internet en casa. No es igual ir a un cíber café. Aunque en esos establecimientos puedo navegar en los mismos espacios, me había acostumbrado a visitar a mis cómplices desde mi habitación. Sentía que estaban a mi lado, que intercambiábamos sensibilidades, visiones del mundo, alegrías, tristezas. Por eso pensé que era preferible hacer un alto en el camino y regresar solamente cuando tuviera la oportunidad de abrir todas esas puertas con la llave de mi computador…

El sobre es azul y tiene círculos amarillos (mi color preferido). Viene de Argentina por medio del correo oficial del país del sur. En la declaración se describe el contenido: Un libro de regalo. Vivamente emocionado lo abrí. Flotando en el colchón de un material que se utiliza para proteger (me refiero a una espacie de plástico interior) lo encontré. Autora: Mercedes Sáenz. Título: Filos de lata. En la solapa la fotografía de la escritora: Rubia, ojos enormes, recostada en el pasto. El aroma de la tinta en cada una de las hojas me hizo sonreír. Y en la primera página una dedicatoria: “Carlos Eduardo: con todo cariño de este afecto virtual. Tal vez un día nos conozcamos. Un abrazo, Mercedes Sáenz. Noviembre de 2008”. Y de esa forma el milagro de la vida y de la esperanza llegó a Colombia. Hoy tengo la certeza de que el arte es el único capaz de transformar la realidad. Entonces decidí escribir de nuevo, llenar poco a poco los espacios que abandoné semanas atrás. Porque, entre otras razones, la existencia es una sola y hay que aprovecharla. Quién sabe, a lo mejor somos protagonistas de un sueño colectivo que se convirtió en cuento interminable.

Sería muy atrevido de mi parte entrar ahora a reseñar un libro. Jamás lo he hecho. Tampoco soy crítico literario. Simplemente disfruto y, sobre todo, admiro al ser humano que desnuda su alma a partir de la palabra. Permítanme entonces compartir con ustedes brevemente- en los siguientes párrafos de la obra- una parte del tesoro que hallé al principio o al final de este arco iris.

“La niña, en el fondo de su corazón, siempre quiso ser india. Ni reina ni princesa. No madre de miles de hijos. No soñaba con ser sabia ni sobresaliente. Sólo quería ser animal silvestre, mezclarse entre las ovejas y las cabras, hablar con los caballos sin que nadie la escuchara. Tener un perro. Pero el mundo era otro y los juegos convencionales entretenían un rato. Le gustaba más tirarse sobre las piedras a mirar el cielo. La niña empezó a quedarse sola, no por falta de cuidados, ni de amor de los buenos, sino porque no entendía los códigos de su entorno…”

En el anterior fragmento (que pertenece al primer capítulo del libro: “Carta de una mujer imaginera aun amigo imaginario”) y de esa incomodidad e incomprensión del entorno que la rodea, nace la escritora. Si todo fuera así y no hubiera más remedio ¿qué sentido tendría imaginar la vida de otra manera? Entre la realidad y la fantasía hay un puente que nos lleva de un lado al otro. Feliz aquel que dibuja pacientemente su universo y es capaz de atravesar las fronteras trazadas por la cultura, la educación y la familia. Hay que ir por el mundo con la mirada atenta. Solamente así es posible descubrir la grandeza de las pequeñas cosas.

Libro casi autobiográfico que recrea el paso del campo a la ciudad y sus inevitables contrastes: “La casa era chiquita y no digo pequeña. Sin gas natural, ni luz eléctrica y una cocina a leña de donde salían las tortas de cumpleaños que, tiempo después en Buenos Aires, supe que eran las más torcidas del mundo” (Capítulo No potrillo pampa. Texto: Te cambio la figurita, ¿querés?)Familia numerosa. Madre amiga. Padre escritor. Hermanas y hermanos que llegaron a este planeta en intervalos cortos de tiempo. Lenguaje en el que saltan como fueguitos juguetones las rimas: “Perdone amigo si mucho le escribo con doble “a”, pero en ésta la rima es la letra que acompaña. Al que es del campo y le cuesta escribir, a veces la letra le sale como una copla, ¿vio? Se ayuda al sonido y la memoria se va viniendo solita” (Carta de una mujer imaginera a un amigo imaginario). Luego un telar en el que la autora teje una manta de hilitos multicolores y, para ello, se vale de textos cortos que conforman los capítulos. En ellos el compromiso social, siempre presente en la imagen del indio, el campesino y la naturaleza: “Refugios de madera. Instante en que lo ajeno a la selva se detiene. Pequeñas ciudades de niños indios con enormes canastos a cuestas. Suben con cierta dificultad…” (No potrillo pampa. Texto: Pequeños escapularios). Más adelante ojos, miradas, frases que buscan descifrar las sombras que distorsiona y proyecta la luz de la luna en la penumbra: “El jardín dormía el pasto blanco de frío. Especula la luz como un viejo trapo sacando lustres apenas por arriba. Hace rato las paredes de la casa hicieron silencio para las hormigas mientras crece verde entre baldosas…” (Texto Siete ojos en la luna. Capítulo del mismo nombre) Enseguida son diferentes mujeres las que emergen de la oscuridad y, envueltas en el traje de lo cotidiano, nos enseñan cómo usan su sexto sentido: “Esa mujer no debe llamarse Paulina. El pelo que se veía era lindo. El común de las mujeres lindas no tiene lindo pelo. No Paulina, sí…” (Capítulo: Esa mujer no. Texto: No Paulina). Finalmente la adolescencia, la memoria, los recuerdos, la soledad, el miedo, la claridad del amanecer. En síntesis una melodía que parece una improvisación de música latinoamericana, jazz y miles de sinfonías: “Sonaron acordes de guitarra como los de Eric Clapton y los dedos de Joaquín subían y bajaban a una velocidad inusitada, casi furiosa. Se detenían de pronto en algún punteo de armonía perfecto” (Ese chabón escupiendo conejitos. Texto con el mismo nombre del capítulo).

Termino aquí mi intento de reseñar del hermoso libro de Mercedes. Hay tanto aún para decir que ofrezco disculpas por no mostrar un panorama más amplio y exacto de la obra que tengo en mis manos. Quería hacerles partícipes, amigas y amigos, de esta señal inequívoca de que el mundo vale la pena. Y una feliz coincidencia. Al revisar el nombre de la Editorial tuve la sensación de que el destino confabuló otra vez en mi favor: VELA AL VIENTO, Ediciones patagónicas.

Gracias querida Mercedes por regalarme un tesoro invaluable.

domingo, noviembre 16, 2008

El mensaje de mi botella


Hace siglos para comunicarme con alguien en la distancia, no tendría más remedio que esperar a que un barco llevara mis pensamientos. Por supuesto habría que tener en cuenta el lugar de destino. Si era en Colombia bastarían días, quizás semanas. En caso de que fuera al otro lado del mundo tal vez meses, inclusive años. Entonces sería necesario resumir en algunas cuartillas pasado y presente. Cuántas cosas no sucederían durante ese tiempo de ansiedad y espera. Recuerdo por mis lecciones de historia que las noticias llegaban primero por ecos de tambores. Después cuidadosamente inscritas en papiros. Más adelante arribaban- de mano en mano- esparcidas en hojas gracias a la imprenta. Y así fuimos tejiendo un texto que pasó también por los S.O.S en clave Morse, la novedad del telégrafo, la nostalgia del telegrama, el inverosímil mensajero de nombre fax y, por último, las ondas alojadas en cables y que flotan en el espacio.


El café me acompaña. Prendo un cigarrillo. Enseguida activo mi computador y, al iluminarse la pantalla, decenas de naves de la fantasía se desplazan entre sus toboganes y senderos interiores.


“Mi borrasca desatada que vino, se quedó y, aunque diga aquí no juego, me permite volar en sus impetuosos- y a la vez sutiles- vientos primaverales. Junto a ella una reina muy personal luce su corona y calza zapatillas de tacones de un rojo inspirador. Elijo la puerta del sur y entro En el País de Alicia. En esa nación suelo pasearme por orillas de aguas serenas y filigranas de versos. Su paz es la certeza de los afligidos. En el mismo territorio, pero dando un brinquito, se acercan mis Vacas encontradas que me saludan con su sinfonía de mugidos en do de pecho. Y, vaya coincidencia, claramente escucho el susurro de los poemas acostados que parecen declamar desde el rocío de la mañana. Por si esto fuera poco Cecy, siempre Cecy, corre al lado de sus duendes y me lanza un beso de algodón de azúcar. No acabo de asombrarme cuando el delirio me paraliza. Sí querida Lirium, apuesto a que tu gato me regaló un destello de tus ojos. Un momento, ahora Formosa me da la bienvenida y una mujer de ensueño- Sandra- guía mis pasos a lo largo de esa tierra entrañable. Paola Ippolito me extiende la mano para invitarme a su mundo y sus atajos. De inmediato me dejo arrastrar y mi cuerpo se transforma en una simpática y ligera pompita de jabón. Eso sí no es posible cambiar de rumbo antes de desplazarme por los callejones de sensibilidad del Corazón Urbano de mi buen amigo José y del mundo elaborado a base de agudeza y responsabilidad social- Entre sombras y espejos- de un Holograma blanco al alcance de los espíritus inconformes. Sí amiga, ya sé. Te inventaste una estación en la que los viajeros desorientados recibimos ayuda. Es que Tú, Ferípula, eres nuestra gran amiga además de aliada ciberespacial. La cueca chilena acaricia mis oídos. Subo Más allá del séptimo cielo. Que tranquilidad se percibe en la dimensión paralela. Sé que está habitada por un espíritu alegre con rostro de mujer. Claro que, pensándolo mejor, debería hablar con El ángel que aclara tus dudas. Me encantaría que me explicara por qué anda tan desaparecido. Hay una arqueóloga de los sueños que vive en un país verde e inmenso. En portugués Te-Pito-O-Te-Henua me suena a ritmo de percusiones, pájaros que bailan, tierra fértil. A se derecha Emannuela se desliza también por los recovecos de la Bossa Nova. Conocí La Caverna de Perséfone una noche. Y fue tanta la emoción que no aguanté las ganas de sumergirme en su misterio. Sí, definitivamente, hay un hilito de lana que señala el laberinto y termina en un ovillo de colores. Porque invariablemente, al final del túnel, la música manda. O si no que lo diga Aquella extraña canción (o canción en las venas) que improvisa las más deliciosas melodías de lo cotidiano. Estoy seguro de que se acoplan perfectamente a la elegancia y delicadeza de Paspartú. Y, además, son el pretexto por el cual la Voz emergente se eleva. ¿O Será más bien la vitalidad y convicción de mi hermana venezolana Isa, Mujer en constante crecimiento? No me hace ninguna gracia quedarme con la duda. Por eso acudo a un sublime Universo Personal en el que su dueña nos pide “sonrían por favor”. Es que en México hay una fotógrafa que retrata las señales de la historia y el sinsentido del Siglo XXI. Lo mismo hace su compatriota, quien abre Una ventana al amor y al desamor para dar un grito que sale de sus fronteras, atraviesa Latinoamérica y termina en la Patagonia. “En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…” Efectivamente, al otro lado del charco, una hermosa mujer es La danza del tiempo y el espacio. No contenta con ello se dedica a dibujar semillas de vida en un lienzo que se convierte en un mural de esperanza. Ella es amiga, cómplice, hermana. No es raro que en ese continente- y en aquel país- Existir y resistir sea la consigna. No me cabe la menor duda de que esa es la única manera de despertarnos. Lo mejor de todo es que en esas latitudes El piano huérfano de la bella Raquel ejecuta un ensayo silencioso de teclados y poemas. A decir verdad puede ser a la vez el llamado de la naturaleza que convoca, en sus rugidos pausados y cadentes, La hija del Jaguar. Tanto es así que La magia de las runas es capaz de predecir en qué instante el universo confabula. Y, de repente, las palabras perdidas de Elí marcan la distancia que hay entre la realidad y la imaginación. Quién sabe, a lo mejor un delicioso plato de cuentos despierta los sentidos al leer el menú de Escritora a la carta o la invocación de todas las artes que nos regala Sybila. Creo que descansaré un minuto y me dejaré arrullar por las Historias de un ático. Ya casi termino mi recorrido diario. Son tantas paradas obligadas y reconfortantes que siempre duermo con una sonrisa en mi rostro. Y, mientras me cobijo, mi cabeza descansa en el mapamundi de Trueque Muisca, el cruce de destinos de Preludio y la espiritualidad de Una Posada para el alma..."



Los amo de verdad. Hasta pronto y gracias. Se quedan en mi corazón.


Carlos Eduardo Rojas Arciniegas- Caselo

martes, noviembre 11, 2008

¿Cómo definirte?


Se asocia a vientos fuertes y elevaciones atmosféricas. Encontré también que produce un cielo encapotado y muy bajas temperaturas durante el día. Seguí buscando y llegué al imprescindible diccionario de la Real Academia de La Lengua. Allí dice que es una tempestad o tormenta de mar y de tierra que puede venir acompañada de descargas eléctricas. Finalmente, más abajo, sostiene que-coloquialmente- es sinónimo del festín con excesos.
No quedé satisfecho, entonces resolví mirar en otro lugar. Mis pesquizas me llevaron a escudriñar la etimología de la palabra. Hallé un dato inetresante: proviene del latín vulgar borras, del genitivo de borelis, relativo al norte. Bóreas es una palabra griega que significa "viento que viene del norte".

No quise continuar rompiéndome la cabeza. Agradecí a los expertos en metereología, a los académicos de nuestro lenguaje y a los adorables filólogos quienes, como su raiz latina lo indica, son "amigos de las palabras". Cerré los libros consultados y me puse más bien a recordar.

Las claves aparecen sin pedir permiso. Una a una llegan convertidas en imágenes, melodías, olores, sabores y texturas. De aquellas señales conservo en la memoria las que he tenido el privilegio de sentir: tu voz, tu risa, tus ojos y tu complicidad. Las demás tendrán que esperar su turno. Habrá que aguardar un guiño del Universo para sentarnos a "echar carreta", cara a cara, acompañados por la magia del café. Mientras tanto me acostumbré a tomar una taza a las diez de la noche.

No sé en qué punto cardinal estás. Soy malísimo en geografía; además me desubico fácilmente y es posible que me pierda dándole la vuelta a la esquina. Me queda claro eso sí que, vengas de donde vengas, llevas puesta la ruana del altiplano cundiboyacense y una orquídea hermosa de la ciudad de la eterna primavera.

Seas viento fuerte, nube negra, rayo, trueno, lluvia, frío, me complace saber que llegaste con tu ráfaga de alegría desbordante. Y por eso hoy trato de definir tu nombre, aunque mis esfuerzos se desvanecen, por fortuna, en medio de la luz que regalas con tu presencia...

Estoy seguro de que el pescado que cocinaste el sábado te quedó delicioso. Te confieso que a este pechito se le hizo agua la boca de sólo leer tu receta. En resumidas cuentas: todo un festín.Sí. igualito a ese que apareció de pronto de la pluma de los filólogos.



domingo, noviembre 09, 2008

Espejismos


Delante de ti un tiempo que se abre en surcos de ansiedad. Atrás los fragmentos de la memoria que se alejan. Y la existencia, ese misterio al que llamamos vida, transcurre en un escenario donde lo real e imaginado se abrazan en caminos paralelos.


Tu rostro es un pergamino escrito por poetas anónimos. Cada palabra inscrita sobre la piel es el lenguaje de la sangre de la tierra. Allí colores propios de la niñez. Allá matices sombríos y profundos. Más adelante la fugacidad de blancos y negros en grises que los desvanecen.


Hoy el reloj ya no mide las horas igual que antes. El calendario tampoco es un inventario de los días. Pero sabes que pasado, presente y futuro son instantes que escapan a la fragilidad de tus sueños. Sólo aquel que es capaz de adivinar el recorrido de la Luna, del sol y las estrellas- o de descifrar el canto de los grillos- puede levantar una escalera sin peldaños. Y por ella subirá, mientras los demás vamos como fantasmas cargando uno a uno el peso nuestras utopías.


Regresa, deshace tus pasos, aniquila las semillas que no germinaron. Y recuerda que la luz no proyecta tu sombra. Simplemente es un espejismo. Ahora es tu turno: sal a reinventar el mundo.

jueves, noviembre 06, 2008

Una danza de sapitos


La primera estrella parecía extraviada. Se desplazó de oriente a occidente en medio del rompecabezas estelar. Brilló intensa cuando se alojó en el ombligo de la última nube. Luego resbaló por el tobogán de un viento repentino y, finalmente, fue a parar en los brazos de un seductor agujero negro. Dicen que esos señores- los agujeros negros- son atajos que nos arrastran a diferentes épocas de la historia. Aseguran también que ellos tienen la llave que abre las puertas de todas las dimensiones.


Me quedé muy quieto tratando de descubrir cualquier señal de aquella estrella loca. Poco a poco el firmamento se llenó de símpaticos punticos, quizás las pecas de ese rostro inefable que vigila nuestras penas y alegrías. A esas alturas imaginé que la osa mayor daba de comer a su crio; que a los tres Reyes magos se les olvidó la mirra, el incienso y el oro. No puede evitar sonreír. Al fin y al cabo los dibujos del universo fueron pintados por el pincel de un soñador que jamás dejó de ser niño. Como yo.


Muchas veces me he preguntado si esas manos no habrán lanzado al espacio una piedrecita. Recuerdo perfectamente las veces que, parado en la orilla de un río silencioso, hacía rebotar una, dos, tres….nueve veces alguna de ellas. El objeto inanimado cobraba vida. Saltaba alegre. Iba en aparente línea recta, pero brincaba en ese colchón inverosímil de transparencia y frescura. Más adelante disminuía poco a poco el impulso hasta sumergirse en las profundidades del sereno hilito que desemboca en el mar.


¿Quién hará esos sapitos en la vía láctea? ¿Zeus, Dios, Alá, Changó…inclusive Lucifer? ¿Competirán los ángeles arrojando meteoritos para ver cómo se deslizan en los anillos de Saturno? ¿Prometeo esperará en algún cráter de la luna la oportunidad de robar otra vez el fuego a los dioses?


Mientras tanto la estrella sigue perdida en la inmensidad del laberinto cósmico. Siempre que escucho en las noticias que los Ovnis han regresado, pienso en ella. Seguramente vendrá en una de esas naves interplanetarias o a lo mejor llegará envuelta en la cola del siguiente cometa. Sólo sé que mañana es otro día; entonces me levantaré, iré al río más cercano, cogeré una piedrecita, la arrojaré en dirección a esas aguas y esperaré a que se vaya en su pasito de saltos, iguales a los de los sapitos. Estoy seguro que arriba, más allá de los límites de la realidad, alguien hará lo mismo y precipitará un fantástico aguacero de luces y colores.