lunes, diciembre 08, 2008

El Hada triste


No bastó la noche despejada. Allá, en el fondo de la habitación, una vela solitaria luchaba por mantenerse viva. De vez en cuando alguna ráfaga de viento sacudía las cortinas, movía los cuadros, se pegaba a las paredes. La ventana se balanceaba y quedaba suspendida en un entreabierto tan misterioso como los sueños. Encima de la mesa varias hojas en blanco. Al lado tinta, pluma y unos anteojos. Un hombre toma café y fuma mientras las horas avanzan. Camina de un lado al otro del cuarto. Ya conoce de memoria el número de pasos que hay de pared a pared. Y aunque detesta las cuatro fronteras de concreto no se atreve a salir. Sabe que en la calle ya no hay colores. Desde que los ojos de su Hada perdieron el brillo, los atardeceres se convirtieron en socavones de un gris opaco. El jardín, que antes reverdecía por todos los rincones, ahora muestra árboles raquíticos, flores marchitas, pájaros sin trino. Ni siquiera las luciérnagas regresaron, tampoco los grillos. Y en cuanto a las cigarras, prefirieron adherirse a las hojas que flotan indiferentes sobre el agua del pantano.


-“Me parece que estamos en un serio problema amigo mío”


Lo había olvidado por completo. A veces escuchaba esa voz que provenía del closet. Recordó que estaba allí. Tuvo que encerrarlo cuando al singular personaje se le ocurrió la brillante idea de preparar y servir el desayuno para la familia. ¿Qué dirían sus padres, sus hermanos y hasta el perro de la casa si llegaran a encontrarse con aquel hombrecillo? No tuvo más remedio que relegarlo a la oscuridad del sitio donde guardaba su ropa. Aunque el duende era tan sólo producto de su imaginación, existía la posibilidad de que se materializara. Por eso no podía correr ningún riesgo. Además fue el último regalo de su Hada antes de partir montada en su caballo alado.


-“Si no haces algo tu hada dejará de sonreír y- de paso- yo desapareceré”


Sonó a advertencia. Preocupado supuso que podía caer en el vacío. De nada serviría el título de Mago si no lograba sacar de su sombrero siquiera una paloma. Pero no conseguía poner en orden sus ideas. Disponía solamente de una varita que se hallaba en su corazón. Se trataba de su único truco que, no obstante, se manifestaba en ciertas ocasiones. Sucedía que- sin darse cuenta- quedaba de pronto como en trance. Luego parecía flotar libre, igual que una pompa de jabón. Atravesaba el techo, subía directo a las nubes, saltaba sobre ellas. Precisamente, en uno de esos viajes, la conoció. El hada se divertía al ver a ese hombre con alma de niño jugar en los toboganes de la vía láctea. Lo observaba complacida y no vaciló en adoptarlo.


-“Siempre estaré a tu lado. Si quieres verme levanta la mirada al cielo”


Le dijo una madrugada en un sueño y, fuera de eso, le entregó al simpático duende que lo acompañaría.


-“Y bien ¿qué estás esperando?”


-“Si fuera tan fácil” pensó al oír la voz que provenía del closet.


-“Oye ¿Qué te pasa? Mira que ya me estoy volviendo invisible”


No pasaba nada, ese era el problema. Llevaba días, quizás semanas, en un total abandono de sí mismo. Hasta podría asegurar que había perdido su capacidad de asombro. Agotado e impotente decidió derrumbarse en la cama.


El silencio se apoderó de la habitación. La noche transcurría sin mayores sobresaltos. Tan sólo la respiración rítmica del mago venido a menos- sumido en su letargo- era la única señal de vida. En medio de la oscuridad una sombra se deslizó. Llegó a la cama. Subió, botó las cobijas y, antes de que se despertara, le jaló muy duro las orejas. En seguida desapareció. El hombre se despertó asustado. Brincó, tropezó, cayó al suelo y empezó a llorar. De repente se sintió ligero. Otra vez tuvo esa sensación placentera de flotar en el espacio. Inclusive creyó ver en el horizonte la silueta de su hada cabalgando en el caballo alado. Entre tanto el duende se frotaba las manos lleno de satisfacción después de haber sacudido a su amigo y, de esa manera, rescatarlo de las profundidades.


Al otro día, en la misma mesa, un frasco de tinta casi vacío, un cenicero repleto de colillas, una taza de café desocupada, decenas de hojas escritas por los dos lados y una ventana abierta que dejaba ver en el cielo azul la sonrisa de un Hada que, al parecer, recuperó el brillo de sus ojos...

18 comentarios:

Reina dijo...

Pasaba sólo a darte un beso insomne.

M. Jose dijo...

Mi querido Mago haz caso siempre de ese duende. Es tuyo y de nadie más...tu hada seguro que recuperará la sonrisa y el brillo en los ojos poco a poco. No dejes de levantar la mirada al cielo, ella está allí, no lo olvides nunca. No dejemos que lo invisible tape a lo visible que llevamos en el centro del corazón, eso es eterno...aunque a veces nos gusta jugar alo visiblinvisible...
Un abrazo desde el alma te dejo.
mj

Sill Scaroni dijo...

La fada triste un dia tendrá de nuevo su sonrisa ...

Un beso.
Sill

Runas dijo...

Me encantan tus historias, tienes un duende especial que hace que escribas de esta forma. Un beso

Pedro dijo...

Has reescrito la continuación de Peter Pan. Tienes una imaginación desbordante y además el genial don de plasmarla en palabras que quitan el aliento.
Supongo que estarás guardando bien todo este material para publicarlo algún día. Hará las delicias de muchos, puedes estar seguro.
Un fuerte abrazo, amigo.

Borrasca dijo...

Mi cachaco lindo ¿Cómo le haces para escribir de esta manera y emocionarme tanto????

El hada está feliz otra vez gracias a ti. Te quiero muchooooooo

Besos borrascosos

Cecy dijo...

La magia de los duendes amigo, que andan revoloteando tratando de sacar de ti algo, algo bueno, algo jugueton, algo simple...

A veces los extraño, a veces para que no se me haga tan dificil..

Te quiero amigo!!!

Nerina Thomas dijo...

Cuentas con magia sin duda.
Te dejo un cariño y pasa por mi blog a retirar un presente navideño.

Mercedes Sáenz dijo...

Hola Mago, que buen texto, poético y bello, me encantó. Después de todo es mágico. Felicitaciones, Un abrazo. Hoy te saludo desde el blog nuevo de una gran poeta argentina que es Nilda Barba y vi por acá tus huellas. otro abrazo. Mercedes Sáenz

sky-walkyria dijo...

la luz de la mirada es reflejo del infinito, la de todas las posibilidades

PAOLA dijo...

Caselo:

este tema musical me hace llorar de emoción, y este relato bello me conectó con el hada que tiene vida propia y gobierna nuestros desórdenes.
las musas nos necesitan, nos dominan, nos manipulan, nos abrazan
Es el sabio equilibrio y esa sutileza la derramas n ternura.
te quiero, un beso

Armida Leticia dijo...

Los seres elementales...los tenemos olvidados. Hay que visitar los lugares de en medio, tal vez veamos una hada o un duende.

Saludos desde México.

Jo Granger Diggory dijo...

Ojo, recuerda que las hadas también roban niños...

Igual, siempre es bueno dejarse acompañar por las criaturas que nos busquen.

Saludos desde la Caverna.

JO

Liz dijo...

nunca pierdas ese don que tienes...
te dejé algo en mi blog, por navidad, por ser así como eres, porque sí.

Un abrazo

Caminodelsur dijo...

Que lindo y la foto espectacular, me gustó mucho el cuento magico de hadas duendes

Besos

josé dijo...

Me gusta coincidir con quienes como yo, llevan pájaros en la mente y somos propensos a divinidades que nos allanan el camino, al menos en estas latitudes de palabras y estrellas descriptas en medio de un mar de silencio y sana fantasía. Cuánto tengo para conocer de vos Caselo querido..

Cuentos Bajo Pedido ¿y tu nieve de qué la quieres? dijo...

Hola gracias por tu s gratos comentarios. Que padre bloga, ya muy trabajado. Saludos y felices fiestas.

Criss dijo...

Que bendición que el duende jaló las orejas del mago y lo rescató de su letargo, sino nos hubiéramos quedado sin bellas historias. Gracias mago por haber sido mi duende y haber pasado por mi blog para alentarme mientras como el duende se hacía invisible. Te cuento que poquito a poco aparece, pero aún no puedo subir ni imágenes, ni fotos. A ver si mi duende me saca del letargo.
Felicidades para vos también duende amigo de Colombia