viernes, septiembre 19, 2008


Entre lanas y sonrisas


La ovejita que ven a la derecha(en la parte de arriba. Sí esa, la que da la hora) me la encontré esta mañana. Resulta que caminaba por una calle solitaria; tan solitaria que, solamente, salió a mi encuentro la hoja de un periódico llevada por la mano del viento. Era además una cuadra larga y estrecha, similar a la parte más angosta de un embudo. Al parecer el sol estaba a mis espaldas; bueno, realmente no me es posible asegurarlo. Lo único que tengo claro es que por la hora- nueve de la mañana-el canto de un gallo loco me desubicó. Ya podrán suponer entonces desde qué punto de mis coordenadas el astro rey se asomó. Lo cierto del caso es que iba pensativo; mejor, con mi mente en blanco. Para ser más exacto: absolutamente distraído. Si pasaba a mi lado un dinosaurio en patineta, les juro que ni me habría dado por enterado. Es más, tampoco me importaría que- en ese momento- un pez espada me saludara desde el charco de la esquina. Debo confesarles algo: cosas como las que acabo de mencionarles me suceden con relativa frecuencia. Retomo el hilo de mi historia descocida. Ya casi llegaba al final del callejón(afortunadamente con salida) cuando-de repente- escuché una especie de lamento. No, lamento no; sollozo tampoco. Mucho menos grito ahogado: se trataba de una balacera... Esperen, no se asusten; me refiero a un tierno concierto de balidos. Me acerqué. La masa blanca con aspecto de animal -sentada en la acera- no se dio cuenta de mi presencia; simplemente tenía su cabeza clavada al piso y los ecos de sus balidos rebotaban contra el pavimento. En una de esas me descubrió y se asustó. "¿Tú también quieres quitarme mi lanita?" dijo nerviosa. "¿De qué hablas?, simplemente voy de paso. Jamás te tocaría un pelo. No me gustan los sacos de lana blanca"contesté. "Eso quiere decir que si fuera de otro color me trasquilabas" aseguró un poco enfadada. "Estás muy equivocada. Además no uso navaja. No tengo con qué cortar nada" menifesté. "AAAAAAAAy malvado. Claro, si tuvieras un cuchillito me pelarías como a un pollo" exclamó ya molesta. "Te repito, soy inofensivo y respetuoso. Y te recuerdo que los pollos no se pelan: se despluman" repliqué. Ambos callamos al mismo tiempo. Nos miramos detenidamente. Creo que descansó al constatar que no llevaba navaja, cuchicho, machete, hacha o, en el peor de los casos, corta uñas. Más tranquila me invitó a sentarme. "Es que me he vuelto desconfiada. Sé que estoy hecha para dar abrigo algún día; pero antes quiero vivir un poquito". Entendí sus razones. Al fin y al cabo ella tenía derecho a disfrutar como cualquiera. "Te propongo algo. Vamos, perdámonos por los laberintos de esta ciudad. No pienses en nada". La ovejita aceptó.

Pasamos una tarde maravillosa. Jugamos a las escondidas, montamos en el Carrusel, la montaña rusa, los carritos chocones (a propósito, mi amiga salió una experta en estrellones), comimos helado, algodón de azúcar, cuajada con melao, arepa y obleas con arequipe; entramos a cine, visitamos museos, paseamos por los parques. Y al caer la tarde saltamos lazo sobre el puente que nos traería de regreso.Volvimos a aquel callejón (insisto, por fortuna con salida), nos sentamos nuevamente en la acera y nos reímos sin parar. "Qué caray, ahora sí estoy lista para ser camisa, saco, ruana, medias o lo que seaaaaaaaaaaaaaa" dijo emocionada la ovejita.


Quizás este no sea un cuento aristotélico de los que tienen principio, nudo y desenlace; en realidad hasta aquí llega la historia. Es ya de madrugada, no he podido conciliar el sueño y creo que no va a ser posible. Solamente espero que lo que acabo de contarles sea tan real como los sueños; por eso los invito a todos a tomar un café... Bienvenidos a Merlín, de allá vengo hoy.






7 comentarios:

M. Jose dijo...

No te lo perdono Carlos, la próxima vez que te encuentres con tu amiga oveja me tienes que llamar; yo también quiero ir al parque con vosotros y montar en ese Carrusel, comer helado y sentarme en la acera de ese callejón y reír.
De momento me conformo con ese café, gracias por invitarme a Merlín....
Que tengas un buen sueño y un mejor despertar.
Besos
MJ

Sara dijo...

Linda tu ovejita.
Saludos.

josé dijo...

La ternura de este "sueño real" tiene su fantasía hermosamente acuñada. Los delirios para unos son maná del cielo para otros y tantas cosas más que gracias a Dios o a nuestra santa madre del espacio y de la tierra, no nos olvidemos de ninguna, podemos sacar del corazón esta creaturas conque apaciguarnos, volvernos ricos de amores humanos. Gracias y también te llamo hermano, che Caselo. (Lo que tienes a tu izquierda es una escarapela latinoamericana, pero del sur, verdad?), te saludos de nuevo.

Borrasca dijo...

La próxima vez me invitas a mí, hace mil años que no como cuajada con melao y algodón de azúcar, ni que decir de montar en carritos chocones...

Un beso mi querido Mago cachaco

.:*:. Ferípula .:*:. dijo...

Te prefiero... a los cuentos aristotélicos!!!
:)
Un abrazo y perdoname, pero me atrasé mucho con los comentarios...
Un abrazooooooooooteee!!!

Meeeeeeeeee....

Runas dijo...

Podias haberle pedido a tu amiga la ovejita que saltara una y otra vez, para que así las contaras y así conciliar el sueño, aunque por otro lado, si hubieses conciliado el sueño, no conoceriamos esta linda historia. Un beso

Pedro dijo...

¡Hey, Carlos! Aún no había visto tu nueva casa; es preciosa, tiene mucho estilo, como tus historias.
eres afortunado, cuando no puedes dormir, sueñas despierto, todo un lujo.
Como sigas así, vamos a estar deseando que tengas insomnio.
Un abrazo.